domingo, 16 de marzo de 2014

Warhammer: El canto de las olas


(Post original 19/10/2010)

El día amanecía sombrío y triste. Gruesas y oscuras nubes de tormenta ocultaban los esfuerzos del sol por iluminar la garganta a través de la cual el gran mar se introducia en el valle, formando un tranquilo y protegido puerto natural. T'haniel miró hacia los relampagos que encendían el cielo en la lejanía, donde la avanzada de Águilas exploraba los mares en busca de las primeras naves de los druchii. Los Elfos Oscuros..."¿Por qué vuelve una y otra vez?", pensó T'haniel...En sus doscientos años de vida, los seguidores del Malekith habían intentado invadir sus tierras al menos en cuarenta ocasiones. "Intentar" era un eufemismo... en al menos cuatro ocasiones, multitud de aldeas y ciudades fueron arrasadas hasta los cimientos y sus habitantes exterminados, o esclavizados, lo que no se sabía que era peor. T'haniel y muchos de los supervivientes se vieron obligados a retrodecer hasta las montañas y los bosques, donde gracias a los Sombrios y a los Leones Blancos de Cracia consiguieron hacerse fuertes y resistir hasta que llegaron los refuerzos. Extraños elfos... Los Sombrios, solitarios y llenos de odio, tan cercanos a sus primos... más de lo que estarían dispuestos a admitir... y los Leones Blancos. Con sus inmensas Hachas y sus capas de piel de Leon Blanco. Tan acostumbrados a los bosques, tan similares a los elfos de antaño. Pero ni siquiera con su ayuda se pudo evitar la destrucción. Y las pérdidas. Como la de R'haniel. Su hermano.

El recuerdo le llevo de nuevo al pasado. A otros tiempos que tampoco fueron más felices que los actuales. Siempre en guerra. Siempre en guardia. Con los momentos de paz siempre perturbados por la sensación de peligro. Pero al menos estaba R'haniel. Con sus libros de hechizos, sus pócimas, su pequeña forja de talismanes... ¿Cuánto había pasado?. ¿Cincuenta años?. ¿Sesenta?. Los años se fundían unos con otros pese a ser joven para su raza. Y, sin embargo, ya le parecían una pesada carga.

"¿Cómo lo soportaban ellos?", pensó, mientras miraba la imponente unidad de Guardianes del Fenix que se alineaba en el centro del frente, caminando silenciosamente hacia la playa. Se decía que algunos de ellos contaban sus años por milenios. "Y sin poder pronunciar una palabra. Encerrados con sus propios pensamientos...". Quizás fuera la causa de su expresión adusta. Quizás fuese el regalo de los siglos el perder la capacidad de sentir. Quizás fuera el destino de todos aquellos jóvenes arqueros y lanceros, como él mismo, que ahora mismo parloteaban intentando superar el miedo a la batalla. Ese miedo tan mal visto por sus mayores, y que lo avergonzaba pese y a causa de no poder evitarlo.

"Simplemente, haz". La voz de su padre volvió a sorprender una vez más a T'haniel. El veterano Maestro de la Espada seguía siendo ágil y diestro. Y se le podía oir tanto como ver sus movimientos cuando usaba su espada. Absolutamente nada. "Acompáñame, hijo, pues aún quedan horas para la batalla y es justo que un padre pueda conversar con su hijo unos instantes". Ambos se apartaron de las tropas y ascendieron por la ligera pendiente hacia una rocas, donde podría encontrar algo de intimidad. "¿Te inquieta la batalla, hijo mío?. No dejes que ello ocurra. Controla tu mente y deja que el cuerpo actue. Haz lo que ya conoces y lo harás bien". T'haniel sacudió la cabeza y luego la bajó léntamente con un suspiro. "Es eso... y no lo es...", suspiro de nuevo. "Tengo miedo a lo que se avecina, pero... me acongoja aún más todo lo que queda después. Incluso si vencemos, después vendrá otra batalla y luego otra. Y así siglo tras siglo. Temo que no acabe nunca. Temo que la existencia no tenga más sentido que este batallar sin parar...". Una vez abierta la esclusa, el torrente de sentimientos manó sin parar. Los acerados ojos claros de su padre se clavaron en él, mientras pasaba un brazo sobre sus hombros. Un extraño gesto emotivo entre los de su raza. "Hijo mío, Son tiempos difíciles los que nos toca vivir, pero, ¿sin sentido?. El sentido a tus días se los das tú. Es tu derecho de nacimiento. Venimos al teatro del mundo con un escenario ya montado, pero nuestras líneas de diálogo no están escritas. ¿quieres a caso sentarte entre el público solo a mirar?. ¡Mira a los que decidieron hace eones hacer eso!", añadió señalando hacia arriba. T'haniel miró siguiendo su gesto justo cuando una gran sombra oscureció aún más el cielo. "Dragones", susurró. Unos de los seres más antiguos del mundo. "Sí. Los Dragones", continuó su padre. "Vivían antes de que los elfos se levantaran de la tierra. Y lucharon. Y se cansaron de la existencia. Y se sumergieron en un sueño profundo en la profundidad de las cuevas. Y cuando fueron despertados, ¿acaso se dieron la vuelta y volvierón a dormir?". "No", contestó T'haniel, "vuelven a luchar". "No. ¡Viven!, hijo mío. Viven cada segundo de su vida con total intensidad". El viejo Maestro de la Espada se puso en pie. "La guerra es el sin sentido. ¿Pero vivir?. Vivir es El Sentido"."T'haniel, hijo mío, " continuó, "hoy lucharás por seguir vivo, por darte a ti y a otros la posibilidad de tener nuevos días en los que vivir. Nuevos pequeños momentos. Nuevas satisfacciones por un trabajo bien hecho, una acción honorable, un momento con un amigo, un beso con una esposa. Nuevas vivencias como esta conversación que estoy teniendo contigo. Si olvidamos eso, estamos muertos... como tu hermano". "¡Padre!", explamó T'haniel. "Sí, hijo mío. Y en el fondo de tu corazón sabes que lo que digo es cierto. Tu hermano se dejo llevar por la desesperación. No encontró sentido a su existencia y pensó, como los druchii, que el único sentido a la vida era la satisfacción inmediata de los deseos. Sin darse cuenta de que no se es menos libre que cuando te encarcelan tus instintos...". "Pero, padre, R'haniel no está...", intentó interrumpir T'haniel. "En el último momento," continuó su padre sin hacer caso a su interrupción "le tendí la mano una vez más, pese a que sabía todo el mal que había hecho...". Y mostrando el muñón de su mano derecha agregó, "Y él tomó su Decisión Final. ¡Y a fe cierta que, aunque camine entre los Elfos Oscuros y crea lo contrario, ya está muerto!".

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