jueves, 19 de julio de 2018

El ejercito de Ravjier el Destructor

El último de los ejércitos antes de que el fin de los Tiempos se lo llevara todo por delante. Realizado "entre dos tierras", entre Málaga y Barcelona y buscando muchas de las minis en internet por descatalogadas ... Despedida a lo grande!

Ejercito de Ravjier, el Destructor


El ejercito de la destrucción


24 guerreros del Caos


10 Mastines del Caos


40 Bárbaros del Caos


10 Elegidos


10 Malditos


8 Ogros de Caos


10 Caballeros del Caos


5 Barbaros en Cruzainfiernos


10 Barbaros a caballo


3 Ogros Dragón y un Shaggoth


3 Aplastacráneos


Un carro del Caos y un carro de Bestia Sangrienta


Bruto Despedazador y Bestia del Vórtice de Mutalith


Templete del Caos y Gerrero en Mantícora


Gigante del Caos


Scyla, Bestia Sangrienta y Throgg


2 Campeones del Caos y 3 Hechiceros



2 Campeones a caballo



Hechicero en Disco y Campeón de Slaanesh montado


Valkia,  Vilitch y Festus


Wulfen, Sigvald y Harry


Archaón a pie y en Dorghar

En total: 128 humanos con distinto grado en dones del caos, 25 Caballos, 5 Cruzainfiernos, 3 Aplastacraneos,  2 Bestias Sangrientas, un Disco, una Montura de Slaanesh, 2 Carros, 3 Ogros Dragón, un Shaggoth, un Troll, Scyla, un Gigante, una Mantícora, un Templete, un Bruto Despedazador y una Vestia del Vórtice de Mutalith

Velas Negras

Drulaan contemplaba el horizonte desde la atalaya de vigilancia como todos los turnos desde que le asignaron el puesto. Y como en todos los turnos de lo que le parecía ya una eternidad, el mar seguía extendiéndose tranquilo y sereno hasta donde alcanzaba la vista. El azul más profundo del oceano se encontraba en una línea perfecta con los primeros tonos rosados y anaranjados del atardecer. Pero Drulaan sabía bien que no podía confiarse... Las odiadas y temidas velas negras podrían aparecer en cualquier momento y esta vez los encontrarían preparados.


La primera vez que Drulaan se enfrentó a sus primos del otro lado del mar aún era un joven inexperto, según los estándares élficos. Vivía por entonces con su familia en una tranquila aldea costera de artesanos y pescadores. Como todos los elfos desde la Gran Guerra, Drulaan había sido instruido en el uso de las armas, aunque los siglos de relativa paz habían relajado un poco el entrenamiento, que se había centrado en el uso del arco y la flecha, para la caza y la pesca. No es que un mejor conocimeinto de las armas hubíera servido para evitar la masacre que ocurrió cuando el Arca de Corsarios atacó la ciudad. Los corsarios les llevaban siglos de ventaja marcial, luchando continuamente contra tropas experimentadas del Rey y poco podrían haber hecho pescadores, pintores y ceramistas contra el cruel salvajismo de los invasores.


En el fondo de su alma, Drulaan sabía que, en el caso de haber tenido un entrenamiento mayor, estaría muerto como gran parte de sus vecinos, pues se habría creido capaz de enfrentarse a los atacantes. Fue precisamente su convencimiento de su inutilidad como guerrero lo que le llevó a esconderse en el bosque y salvar su vida. Sin embargo, la vergüenza y el deshonor lo acompañaron desde entonces. Decidido a redimirse, se enroló en la Guardia del Mar de la Ciudad y pasó los siguientes cien años de patrulla por las costas. A lo largo de esos años, tuvo la oprtunidad de volver a enfrentarse de nuevo con los odiados corsarios y su espada se tomó cumplida venganza de estos. No obstante, su corazón seguía vacío, y poca alegría encontraba en estas victorias. Pensaba que para limpiar su cobardía era necesario algo más acompañar a un batallón de hermanos de la Guardia del Mar y eliminar de la faz de la tierra unos pocos corsarios. Tendría que hacer algo más que marcara una diferencia.

La oportunidad llegó pronto. El siguiente ataque fue inesperado. Si no por su existencia (nadie dudaba de que serían atacados antes o después), sí por su brutalidad y envergadura. Hasta ese momento, habían sido atacados por arcas solitarias de corsarios en busca de un puerto fácil al cual esquilmar de su riquezas y satisfacer sus ánsias de masacre. Sin embargo, en esta ocasión, una flota de velas negras apareció en el horizonte. No se trataba de corsarios. Un contingente de soldados y verdugos venía a desembarcar, con el objetivo de crear una cabeza de puente para una invasión futura. Cientos y cientos de guerreros de oscuras armaduras cubrieron la playa donde tomaron tierra. Y del último barco, multitudes de aullidos de autentica locura comenzaron a llegar. Las elfas brujas ansiaban sangre. Y sangre pensaban obtener.

La batalla, si pudiera llamarse así, fue breve, aunque más breve pudiera haber sido si las tropas del reino no hubieran recibido el aviso del ataque y regimientos de Yelmos Plateados no hubieran galopado a toda velocidad para repeler al invasor. Aún así, las dementes brujas habían danzado ya sobre innumerables enemigos caídos frente a sus espadas dobles, sus cuerpos perfectos bañados por la sangre de sus enemigos. Drulaan se enfretó a una de ellas y poco faltó para convertirse en una victima más de una de estas elfas. Había oido hablar del encanto de las brujas, el extraño y embriagador aura que las rodeaba y que hacía que sus enemigos cayeran a sus pies deseando que acabaran con su vida, incapaces de soportar la certeza de que nunca podrían ser más que un insecto para aquellas bellezas... Sin embargo, el hechizo podía ser roto a fuerza de voluntad, y el sentimiento de culpa y deseo de reparar su honor hicieron que Drulaan viera a la elfa tal y como era: una bestia animal feroz, con mirada de brillante salvajismo.

No obstante, el embrujo no era el principal arma de las elfas. Entrenada desde la infancia en el uso de la espada doble, el elfo apenas si podía contrarrestar sus ataques perfectos. Retrocediendo a duras penas, la sangre se le heló en las venas al escuchas un grito aterrador. Saltando sobre las elfas brujas, las Hermanas de la Matanza se incorporaban al ataque. Auténticas picadoras de carne, sus propias aliadas se apartaban de su camino, pues las elfas, en su frenesí sanguiento, no distinguían entre enemigo o aliado. Drulaan se venía ya abandonando el mundo mortal cuando la atronadora carga de los Yelmos Plateados rompió el frente de los Elfos Oscuros y la batalla cambió de signo. El combate duró varias horas más, aunque los ultimos compases transcurrieron entre despliegues de energía cataclísmica desarrollados por varios Altos Magos en mortal combate contra un grupo de Hechiceras Oscuras. Ante la potencia destructiva de la Magia, el resto del combate casi parecía irrelevante...

La lucha acabó cuando una brillante explosión de luz destruyó parte del campo de batalla llevandose con ella la mayor parte de las Hechiceras enemigas. Los elfos Oscuros se retiraron a sus naves, pero Drulaan sabía que esto no era más que el inicio. Y ahora, desde su ayalaya, contemplando el avance de las primeras velas negras que surgían del horizonte, supo que no había errado. Y cuando vio que las velas iban llenado en mar frente a él, como un bosque de oscuros árboles y los primeros dragones comenzaron asurcar los cielos, supo que esta iba a ser la última batalla y que por fin podría descansar con honor, deseó, y libre del peso de la culpa...

martes, 15 de mayo de 2018

Silvanos de BosqueLargo

Equipo de Fanath, algunas de las minis no muy detalladas... Finos y sutiles, elegantes y mortales. Último de los equipos de Bloodbowl

Los Silvanos de BosqueLargo
  

HOMBRE ÁRBOL
Injerto... el elfo árbol/árbol elfo...


BLITZERS
Roble y Encina, duras, duras ...



LÍNEAS
Manzana, Pera, Limón, Naranja, Melocotón, Cerezo y Mandarina. Imprescindibles para un sano Bloodbowl...



CORREDORAS
Olmo, Sauce, Ciprés y Abedul, no echan raices...


LANZADORAS
Pino y Abeto. Colocando las semillas de la victoria...


JUGADORES ESTRELLA

ACACIA ESPINOSA
Un torbellino de dolor...

jueves, 15 de marzo de 2018

Donde habitan las Bestias

Desde su nacimiento, Drakaliith había sentido una especial debilidad por todos los tipos de bestias que poblaban los alrededores de su ciudad. Desde las que surcaban los nublados cielos, pasando por las que cazaban en las aridas tierras de más allá de los muros, hasta las que se arrastraban por las oscuras y tortuosas galerías subterraneas. Siendo un joven elfo, crió un pequeño murciélago que encontró caído en el suelo de una caverna. Lo alimentó durante meses a escondidas de sus progenitores y cuidadores, a sabiendas de que se lo arrebatarían antes de que el murcielago consiguera el tamaño suficiente para sus planes: resultar lo suficientemente apetitoso para atraer a alguna cría de gélido y poderla capturar. 

El plan estuvo a punto de costarle muy caro, ya que funcionó bien en exceso. Los gritos del maltratado animal (Drakaliith había decidido partirle las alas para que se arrastrara dejando un rastro de sangre como cebo) atrajeron a un macho adulto y no a una cría. Lógicamente, el reptil encontró mucho más interesante como cena una cría de elfo frente a una desnutrida rata con alas. Para suerte del inexperto elfo, la presa también había atraído a otro macho de gelido y, como solía ser costumbre de en estas irascibles bestias, decidieron masacrarse mutuamente dando diempo a Drakaliith a huir de la zona y plantearse seriamente la necesidad de informarse mejor sobre las bestias a las que pretendiera atrapar antes de poner en práctica cualquier plan potencialmente suicida.
  


De esta forma, se decidió por solicitar el ingreso en el cuerpo de Señores de las Bestias de su ciudad. La competencia era dura y la exigencia de los maestros aún más. Como prueba de selección, los novicios eran obligados a criar un huevo de gélido hasta su eclosión. Drakaliith decidió no repetir errores y, saltándose varias reglas y repartiendo algunos venenos (idea por la cual fue felicitado posteriormente), consiguió sustraer varios libros de la Biblioteca General de las Bestias. Así fue como se informó de que los huevos debían ser enfriados y no calentados. Y su olor ocultado, ya que atraía múltiples especies que deseaban eliminar un enemigo potencial antes de que creciera (varios aspirante acabaron como acompañamiento en el plato de huevo revuelto). De igual menera, descubrió que, untándose de grasa de gélido, la cría lo reconocería como progenitor al salir del huevo. El conseguir la grasa de los almacenes del gremio costó perder un par de dagas entre las costillas de un vigilante, pero mereció la pena cuando su orgulloso "hijo" se comió a los gélidos del resto de aspirantes (y a algún aspirante también) a una orden suya.


Lógicamente el cachorro fue sacrificado en cuanto exitió la más mínima sospecha de vínculo emocional con Drakaliith. Al joven elfo no le pudo importar lo más mínimo. Ya sabía como funcionaban las cosas en el Gremio y, de hecho, había fingido un podo de afecto por el gelido, para acelerar una decisión de sus maestros que, sabía, llegaría antes o después.Sus aspiraciones ahora habían crecido. Los gélidos eran innegablemente unas criaturas imponentes y aterradoras para cualquiera que se enfrentara a ellos, pero tampoco se podía negar que fueran increiblemente estúpidos.


Primero se decantó por compensar la estupidez con mayor fuerza bruta, y comenzó a estudiar y entrenar en el Recinto de Hidras y Kharibdyss. Las monstruosas criaturas de múltiples y hambrientas cabezas se podían considerar una autentica fuerza destructiva de la naturaleza. Drakaliith se sentía embriagado por el poder que transmitían las bestias, pero no le satisfacía el reto de dominarlas solo por fuerza bruta, a base de latigazos y pinchazos, anulando cualquier atisbo de inteligencia del animal. Pero, sobre todo, le disgustaba tener que depender de otros elfos, de tener que formar equipo, para poder dirigir a la criatura. El control de la bestia debía recaer solamente en él...

De esta forma, solicitó su paso a la Casa de los Dragones, los estúdios de máximo rango para los señores de las Bestias. Las pruebas de acceso a dicho rango hicieron parecer a los demás retos una siesta con esclavos. Pero la posibilidad de entrar en contacto con una de las criaturas más poderosas del mundo le dieron la fuerza para superar todas las dificultades en las que su ingenio no era suficiente. Finalmente, obtuvo su recompensa. Las puertas de la Cámara de los Dragones se abrieron ante él y se encontró frente a frente con un majestuoso dragón negro. Drakaliith sonrió con satisfacción contemplando los poderosos músculos, los afilados dientes, el brillo inteligente de los dorados ojos... Todo ese poder, todo ese conocimiento, se doblarían a su voluntad...

..."Excelente. Una nueva mascota..."- pensó el joven dragón... 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Los Druchii de J'va'Mat

Los elfos oscuros han sido un ejercito que he pintando poco a poco a lo largo de bastante tiempo, aunque casi todo de la última renovación antes del Fin. Muchas minis distintas, muchos detalles, muy poco tiempo libre...
Druchii de J´va´Mat



El ejercito del Terror



20 Lanceros



20 Espadas



20 Guardias Negros



20 Verdugos



20 Corsarios



20 Elfas Brujas



20 Hermanas de la Matanza



16 Ballesteros y un Lanzavirotes Destripador



5 Sombras y 5 Arpías



5 Jinetes Oscuros



5 Brujos Fuegoletal



5 Jinetes Gélidos



Carro Fustigador y Carro de Gélidos



Bruja en Gélido, Príncipe en Gélido y Medusa



Asesino, Corsario, Shadowblade y Lokhir Fellheart


2 Hechizeras, Hellebron y Morathi en Pegaso Negro



Kharibdyss e Hidra


Altar Drenasangre y Caldero de Sangre



Bruja en Dragón Negro



Malekith en Seraphon



Avatar de Khaine


En total: 202 Elf@s, 12 Caballos, 9 Gélidos, 5 Arpías, 2 Medusas, 2 Carros, 1 Lanzavirotes, 2 Dragones Negros, 1 Pegaso Negro, 1 Hidra, 1 Kharibdyss y 1 Avatar de Khaine