lunes, 20 de febrero de 2012

Warhammer: ¿Algo nuevo en el menú?

Los humanos que habían acudido a la cantina se sentaron lo más distante posible de las mesas donde los voluminosos y vociferantes mercenarios Ogros daban buena cuenta de un vaca... de una vaca cada uno de ellos. Los brutales mercenarios eran siempre una fuerza de choque apreciada en cualquier ejercito del Imperio y, siempre que tuvieran dinero y comida suficiente, podían considerarse de confianza. El problema era que el concepto "suficiente comida" solía ser bastante ambiguo en el caso de los Ogros...

-- ¡Jajajaj! Endeluego qu'en e'te ejercito no se come mal. Pero e'stao en sitio mejores... -- gritaba un ogro, vestido con una capa confeccionada con retazos de estandartes de varios regimientos.

Alrededor de la mesa, los tres ogros que lo acompañaban golpearon la mesa con sus jarras (más bien toneles) en gesto de asentimiento.

-- Ezo é verdá.-- el Ogro que hablaba agitaba una enorme pata de vaca que salpicaba grasa a su alrededor, gran parte de la cual aterrizaba junto a las innumerables manchas de sustancias irreconocibles que moteaban su justillo de piel.-- Deja'me que oz cuente la vé que luchamo' junto a lo' paliducho' de Nagaró...

" Resulta que'stabamo contrata'o' por un señó' de lo Elfo'scuro', pa' luchá contra un ejercito de paliducho' de su' primo'. El generá' oscuro e'taba mu precupa'o por lo' carro' de lo' elfo', po'que pensaba que podría' rodea'lo y destrozá su tropa. Grum Masticaduro, que dirigía mi regimiento se rió del generá en su cara y le dijo que nosotro' no' ocuparíamo' de lo' carro', faltaría má'. Así que no' pusimo' tós en el flanco. Pronto vimo' lo' carro' elfo', tira'o' por leone' blancuzco'. Lo meno dié o doce carro', tós cayendo cuesta abajo hacia nosotro'... Nosotro' no' reíamo' de Grum, que sabía compra'o un carro hacía poco y se le habían roto la' rue'a' cuando se montó en él. Y parece que lo cabreamo', porque se adelantó al regimiento cuando el primer carro cargaba contra nosotro' y de un garrotazo lo mandó dando vuelta' por el aire, leone' y tó junto, directo a chocar con lo' otro' carro'... A partir de entonce' no' pusimo' tó a repartir leche', porque sino, el Grum no no' dejaba cacho pa naide... Cuando ya no que'ó ná que aplastá, miramo' alrededó y vimo' que lo' Oscuro' ya habían hecho su parte y venci'o a lo' otro' delgaducho'. Y claro, nosotro' dijimo' que pa la olla... Pero el generá dijo que no, que le' tenía reserva'o a lo' prisionero' "deliciosa tortura" o algo asín. Grum no se lo tomó bien (se ve que seguía cabreao por lo del carro) asín que lo espanchurró de un puñetazo y ahí estabamo' otra vez, aplastando delgaducho' pero ahora vesti'o' de oscuro... y, encima, al final no quedó ni un trozo que se pudiera comé... menomá que quedaron alguno' de lo' lagarto' eso que tienen para montar, que aunque están duro', saben un poco a pollo..."

Las carcajadas de los ogros de la mesa hicieron apartarse un poco más a los humanos de las mesas cercanas, huecos que fueron rapidamente ocupados por otros ogros que se sumaron a la conversación.

-- Por zupuezto que zí. De vez en cuando puedez improvizarte un aperitivo-- Respondió otro de los mercenarios, una masa de músculos tatuados de distintos colores y con la mitad de los dientes desaparecidos -- Pero creo que lo importante, al final, no ez el ejercito en el que eztáz, zino contra quien luchaz. Al fin y al cabo, ezoz zon loz que te dejan comerte...

-- Bueno... eso depende -- contestó el tercero de los comensales de la mesa mientras se limpiaba la barbilla de grasa. Vestía elegantemente e incluso se cubría con lo que parecía un chaleco de terciopelo-- Si luchas con los pieles verdes, de vez en cuando te dejan comerte alguno de los pequeñajos...

-- Bah, pe'o son correoso' y duro', no e' buena comi'a.-- protesto el primer ogro.

-- Y me zorprende que lo digaz tú. Te imaginaba con guztoz máz delicadoz, dezpuéz de tanto tiempo con humanoz. Hazta ze te ha pegado eze azento tan raro que tienen...

-- JoJoJo... es verdad, pero dejadme que os cuente lo de aquella vez que luché en una batalla junto a los pieles verdes contra un ejercito de Enanos...

" Me habían contratado a cambio de un montón de oro que se suponía que tenían los Enanos guardados en su Reino. Puño'grande, el caudillo orco negro que los dirigía no tenía ningún interés en el dinero, pues solo quería masacrar taponez, ya sabéis como son estos tipos. Y la verdad es que nosotros tampoco teníamos mucho interés en comer Enano, pues como ya sabéis, están duros como rocas y, generalmente, con demasiado sabor a cerveza para mi gusto. La cuestión es que los enanos se encontraban como siempre parapetados en una montaña, soltando plomo y fuego por cualquier rendija, lo que conseguía frenar a los pieles verdes que no encontraban el hueco para meter sus rebanadoras en cuerpo a cuerpo, que es lo que les gusta. Así que nos llamaron a nosotros. En los viejos tiempos habríamos cargado sin pensarlo mucho, pero hacía poco tiempo que el viejo Bregg perdió la cabeza, literalmente, al intentar parar un cañonazo con los dientes. Además, acababamos de comprar un Escupehierros y teníamos mucha curiosidad por verlo funcionar. De manera que, protegidos por una buena andanada de los Escupefuegos, cargamos el gran cañón y lo disparamos... Grogaf todavía debe de estar volando con su Rinobuey por el retroceso, pero media montaña se cayó encima de los enanos. Con eso acabó la batalla. Y nuestra posibilidad de tesoro, pues estaba enterrada bajo toneladas de rocas. Afortunadamente, Puño'grande pensó en nosotros. Un lanzallamas enano había concentrado sus disparos en una horda de goblins nocturnos y ahora teníamos una barbacoa churruscadita de carne con setas...."

-- Jaja, azí, pozí-- rió el ogro desdentado. -- Azí zeguro que eztán máz zabrozoz.

-- ¡Chorrradas!

Un cazador gigantesco, incluso para el estandar Ogro, se limpió su larga barba decorada con huesos de exóticos animales, de los resto del tonel de cerveza que acababa de engullir.

-- Lo que sabe mejorr es siemprre aquello que has cazado tú.

-- Bueno, al final, en batalla, tambien cazas enemigos...

-- ¡Chorrradas!. Perrseguirr un Dientes de Sable, acorralarr un Dientes Marrtirrio. Rromperle los trres cuellos a una Quimera..Corrtarr los mejorres trrozos justo después del último latido de sus corrazones... Asarr una pata de drragón en su prropio fuego...-- el cazador calló sumido en sus recuerdos

-- Zí que zuena bien, zí..

-- ¿Y qué e' lo que ta sabí'o mejo', Cazadó?

-- Pues aún rrecuerdo el día en que Gulfang Cazabestias y yo nos apostamos cual de los dos sería capaz de capturrarr y comerrse a la pieza más grrande. Nos lo jugamos a suerrte y fuimos los dos a porr nuestrras piezas. Durrante dos semanas estuve siguiendo su pista. Huellas, rrestos, árrboles derribados... Un parr de veces me crrucé con Gulfang, que seguía trras el rrastrro de su presa... La terrcerra vez que lo vi estaba mucho más... plano... Parrece que su Colmillo Trrueno pesaba más de lo que esperraba y que había decidido bailarr encima del pobre Gulfang. Perro una apuesta es una apuesta, así que seguí prresiguiendo a mi prresa. Finalmente la encontrré cerrca de una cueva. No os voy a aburrirr con la pelea que siguió. Perrdí a dos buenos dientes de sable, solo para distrraerrlo. Al final, la bestia cayó. Le arranqué la cabeza a hachazos (perrdí también dos buenas hachas), perro me pude comerr un buen trozo a la salud de Gulfang.

-- ¿Pero qué clase de bestia era?

-- Ezo, ezo, que te comizte.

-- Dilo ya, que no' tie'e intriga'o'

-- Un Dientes Petreo

-- ¡Bromeas!. Es imposible comerse esos bichos... son como piedras...

-- Bueno. Parra eso viene bien tenerr contactos con los Enanos. Son capaces de hacerr arrmas durras y que corrtan cualquierr cosa... aunque me dió pena desprrenderrme de mis piños-- añadío el ogro cazador mientras sonrreía, enseñando una rreluciente dentadura de Gromril.

Los ogros jalearon al cazador en una cantina ya vacía de humanos, felicitándole por su hazaña y preguntándole recetas para cocinar los grandes monstruos.

-- ¡¿Y eso es lo más exótico que habéis comío?!

El grito desde otra de las mesas llamó la atención al resto de ogros, que se giraron para ver como un viejo tripasduras meneaba un filete clavado en la punta de un tenedor.

-- Calla ya, abuelete!-- Le reprendió con un gesto de desprecio un joven ogro de rostro lampiño, sentado a su lado-- Llevah toda la noche contando historiah y no noh dejah ni beber en paz.

-- ¡¡Pues tú dirás lo que quiera', jovenzuelo, pero llevo to'a la noche cortándote filetes de tu pierna pa' cenar!!-- vociferó el anciano mientras agitaba un trozo de carne ogra en su tenedor entre las carcajadas de todos los comensales...

lunes, 19 de diciembre de 2011

Warhammer: Los Chicos de Javilón TripaGlobo

Ejercito de los Reinos Ogros, última raza "independiente" aparecida para Warhammer y una de las primeras en renovar en la Octava Edición. Ejercito atípico de pocas minis muy grandes, con bastantes detalles, poco repetitivas en general, incluso en las tropas básicas, y divertido de pintar.

Los muchachotes listos para comerse el mundo


36 Gnoblars


8 Ogros


8 Ogros TripasDuras


5 ComeHombres


4 SueltaFuegos


3 Yehtis y 1 Gargantua


4 DientesMartirio

1 Colmillo Trueno y 1 CuernosPetreo


1 EscupeFuegos, 1 Tirasobras y 1 Gigante


1 Matarife, 1 PanzaFuegos y Skrag el Carnicero


Bragg, el que Desolla, Golgfag Comehombres y 1 Despota


1 Portaestandarte de Batalla ,1 Cazador y Grasientus Dientedoro


En total: 44 Gnoblars (más montones deambulando por ahí o aplastados bajo el trono de Grasientus), 42 Ogros, 3 Yehtis, 1 Gargantua, 4 Dientes Martirio, 2 Dientes de Sable, 1 Colmillo Trueno, 1 Cuerno Petreo, 2 Rinobueyes, 1 Cañon de los Titanes, 1 Tirasobras y1 Gigante.


martes, 20 de septiembre de 2011

Warhammer: La Vigilia del Faraón

El Faraón continuó mirando la vasta sala rodeada de columnas desde su trono de oro y lapislazuli. Otros Reyes de Khemri decidieron ser enterrados en suntuosos sarcofagos, pero no él. El poderoso Sotrastis, señor de los Oasis, Amo del Desierto, Luz de la Mañana, Estrella de la Noche, Señor del Horizonte. Él, no. Cuando vió que el fin de su existencia mortal se acercaba, ordeno que lo embalsamaran sentado en su trono, por encima de todo lo que le rodeaba, controlando, guiando, liderando. Y así había continuado durante siglos. O milenios. El tiempo se pierde en los días sin luz del Mausoleo, desde que la arena cubrió sus escasas ventanas y el desierto se apoderó del majestuoso edificio.

Pero el Faraón no necesitaba ver para sentir a sus fieles súbditos a sus pies. Podía percibir perfectamente como, más allá de los últimos escalones de su dorado trono, filas y filas de orgullosos guerreros se alineaban en perfecta disciplina, dispuestos a volver a luchar por su señor en cuanto éste lo ordenase. Y más allá, al fondo de la sala, el Faraón notaba la presencia de las legiones de carros que lo hicieron invicto general eras atrás...

... eras atrás, cuando la sangre fluía por sus venas, cuando aún podía confiar en los vivos. Cuando aún podía confiar en Ammotep, Sumo Sacerdote... El monarca podía recordad con claridad los días brillantes bajo el sol del desierto. Las grandes construcciones de piedra que imortalizarían su leyenda, creciendo bajo las ordenes de Debnet, su Arquitecto. Las gloriosas esfinges que vigilarían los caminos a de Reino, los Ushabti que costodiarían los caminos a su Palacio. Los Palacios, los Templos, los mercados, los colegios, hospitales. Hasta la más humilde de las casas de los más humildes siervos relucía recubierta de mármol. Las riquezas fluían por todo el Reino de Sotrastis, el Bueno, el Generoso, El que Ama a su Pueblo. Porque el Faraón sabía que, si su pueblo era rico, cúanto más podría sentirse él cuando ellos lo alabaran por su riqueza. ¿Y no era él su pueblo y su pueblo, él?. Y con un Arquitecto como Debnet, para quien cada piedra era una futura escultura, cada trozo de suelo un futuro edificio, cada casa un posible Palacio; cada Palacio un Templo; cada Templo, un reto a su ingenio... Debnet, que le pidió que detuviera el Sol para tener más tiempo para realizar sus creaciones. Cómo no permitirle que hiciera a su Reino aún más hermoso. El Faraón se preguntó dónde se encontraría ahora. Al contrario que sus fieles subditos, levantados por el Gran Ritual y atados a su voluntad, el Arquitecto Real continua vivo, bajo los encantos y hechizos de la vida inmortal que lo convirtieron en un muerto en vida. Los encantamientos de su Gran Sacerdote. Los encantamientos del mil veces maldito Ammotep.

El Faraón recordaba, grabado en su mente, hasta el último detalle de la vida del que fue su favorito. Como puedo ser tan ciego. ¿O quizás no hubo engaño?. Quizás el Sacerdote Funerario fue realmente un sincero compañero de juegos en la juventud, un fiel aliado en la madurez y un leal consejero para con su Faraón. Hasta que el alma se le pudrió más rápido que su cuerpo. Sí. El Faraón prefería pensar así. Prefería creer que fue el miedo al Final Eterno lo que perturvó la mente del que fuese su amigo. El miedo a la muerte lo que le llevó a utilizar las riquezas del Reino para la búsqueda de la vida eterna. Lo que le llevó a verter palabras envenenadas en los oidos de su señor. Sotrastis también sintió el terror al vacio infinito y apoyó los estudios de su, creía, fiel amigo. El Faraón recordó el espanto que sintió al saber de los macabros experimentos que Ammotep estaba realizando con su amado pueblo y la impotencia que sintió al descubrir que ya era demasiado tarde. Que no solo las palabras de su Sacerdote estaban envenenadas, sino también su propia comida... Por fortuna la agonía fue corta aunque dolorosa. Tras varios días de penares atroces, el cuerpo físico del Faraón se derrumbó, y Ammotep comenzó los rituales de embalsamamiento del Faraón. Sostratis aún se sorprendia de poder recordar todo lo que ocurrió tras su muerte. Aún se preguntaba si realmente murió o el veneno de Ammotep era más cruel y retorcido de lo que parecia. Pero lo cierto es que podía recordar como sus visceras eran colocadas en las vasijas sagradas, como su cuerpo era sumergido en las sustancias que conservarían sus carnes y como era trasladado a su Mausoleo y sentado en su trono eterno. Pero lo que ardenría para siempre en el corazón del Faraón eran las palabras del Hechizo con el que el Sacerdote Funerario había sellado el Mausoleo... "Ni músculo ni magia abrirán este lugar...". Y después, la oscuridad...

...Hasta el gran despertar, cuando él y todos sus subditos volvieron a ser conscientes del mundo. Y de que no podían salir del Mausoleo. El Faraón llamó con su voluntad a los subditos que sabía se habían levantado también fuera de la tumba del Faraón. Pero las puertas permanecieron selladas. Y los años empezaron a pasar. Y el Mausoleo quedó enterrado y olvidado por las arenas del desierto. Hasta que las leyendas y los buscadores de leyendas volvieron a desenterrar caminos hasta el Faraón. Pero ni los desorganizados orcos ni los brutales ogros, con la fuerza de diez humanos consiguieron abrir sus puertas. Ni siquiera los poderosos magos Elfos, Oscuros o brillantes, consiguieron hacer mella en el pulido mármol. "Ni músculo no mágia...". Incluso los extraños seres-rata, con sus mezclas de maquinás y mágia tuvieron ninguna opción... Nada podía romper el sello de Ammotep... O casi nada. Una raza de pequeños y robustos seres, aferrados a la roca y tozudos e inamovibles como ésta, habían cruzado los áridos desiertos en busca de los tesoros de los Faraones, derrotando sus instintos naturales, nacidos en vastos y oscuros salones de roca, con su mayor ansia de oro y metales preciosos. Y con ellos, llegaba una nueva fuerza en el mundo. Ni músculo ni magia. Arena negra con la fuerza de mil hombre. "Pólvora", le susurraron sus subditos al paciente Faraón...

... Drugar FuegoRápido asomó la cabeza por el hueco de la entrada en cuanto los últimos restos de humo de la explosión se hubieron deshilachado con la brisa del desierto. Su lampara y sus ojos, felices de volver a la oscuridad después de tantos días de sol enceguecedor se enfocaron en seguida en el trono dorado del fondo de la sala, casi sin apreciar las innumerables filas de esqueletos, que, colocados en perfecto orden, parecieran hacer una guardia eterna sobre su señor. Drugar se acercó lentamente al Faraón. Y si no fuera imposible, habría jurado que la momia sonreía...

Warhammer: Las Legiones de Mat-Osis III

Último ejército renovado, aunque empecé a pintarlo en la edición anterior. Esqueletos y constructos animados sobre arenas infinitas... Y un ejercito con el que he vuelto a jugar después de muuuuuuchos años de solo pintar...

Las tropas del Faraón

16 Guerreros Esqueleto

16 Arqueros Esqueleto


8 Jinetes Esqueleto

4 Enjambres Funerarios
33 Guardianes del Sepulcro

3 Buitres de Neheraka
7 Ushabtis
6 Carros de Guerra

3 Acechadores Sepulcrales y 3 Caballeros de la Necropolis
1 Arca de las Almas y 1 Lanzacraneos

Gigante de Hueso y Golem Escorpión

Necroesfinge y Esfinge de Guerra

Settra , Heraldo del Sepulcro y Sacerdote Funerario a Caballo

Apophas, Rey Funerario, Principe Funerario, Heraldo del Sepulcro y Necrotecto

Reina Khalida y 2 Sarcedotes Funerarios

En total: 83 esqueletos, 26 Caballos Esqueleto, 7 Carros, 4 Enjambres, 10 "Embalsamados",3 Buitres, 17 Constructos Animados y 2 Máquinas de Guerra.

domingo, 10 de abril de 2011

Maquetas: Proyecto Serenity

Algunos de vosotros sabéis lo que Firefly y Serenity significan para mí. Así que no le sorprenderá a nadie que, allá por el 2008, me embarcara en la realización de la maqueta de esta nave que me acogió y me hizo pasar tan buenos ratos (bueno, realmente no creo ya sorprender a nadie con nada en lo que me embarque...). 

FASE I: "Cartoncillo Naranja"


















FASE II: "Tuneo"

La Serenity va tomando forma... los detalles, hechos con cartón, palillos de dientes, cables y redes de paquetes de ajos... sí, lo he escrito bien...

Vista de arriba...


Vista frontal...


Vista trasera...

Cartones, palillos, cables... y sacos de ajos...


FASE III: Chapa y Pintura

Añadidos los últimos detalles, placas solares (gracias David) y mano de pintura. ¡¡Wash ya tiene nave que pilotar!!


Por aquí...


Por alli...


Por allá...

por acullá...


En el espacio está todo muy oscuro....