martes, 18 de junio de 2013

Warhammer: La razón de la lucha


El muchacho siguió al resto de su columna a través de más pueblos devastados, bosques calcinados y montañas rocosas. Al día siguiente llegarían al frente y se enfrentaría a su primera batalla. El gran sol radiante ya empezaba a ser sustituido por sus pequeñas hermanas nocturnas cuando el pelotón detuvo su avance y se preparó para acampar. Esta noche había menos risas y bromas que habitualmente. El temor a lo que les acechaba el siguiente día los atenazaba, aunque no faltaban los que se desahogaban en bravatas ni los que se ahogaban en alcohol. El muchacho se acercó a una de las fogatas. Llevaba en su mano la triste ración de carne seca que le correspondía y que masticaba en largos y pequeños mordiscos para engañar a su estómago. De espaldas al fuego se encontraba un veterano sargento y el muchacho, extrañado, se acercó y le pidió permiso para sentarse a su lado. El sargento le hizo un gesto con la cabeza que al muchacho le pareció lo bastante poco amenazador como para considerarlo afirmativamente.

El joven contempló el cielo, donde cada vez más estrellas brillaban y observó el campamento, donde muchos de sus compañeros se envolvían la en sus mantas intentando buscar un descanso.Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que el sargento lo miraba con curiosidad y un una chispa extraña de algo que podía interpretarse como una sonrisa que iluminaba su mirada.

Al percatarse de ello, el muchacho intento entablar conversación, pero el viejo soldado lo interrumpió: “No me gusta encontrarme deslumbrado por mirar el fuego mientras alguien me ataca por detrás. Viejas manías de soldado viejo”. Intentando ocultar que había sido descubierto, le pregunto: “¿Ha participado usted en muchas batallas, señor?”. El sargento soltó una risa franca “Señor!! Muy tierno te veo para la batalla, muchacho.” Herido en su orgullo, el joven le replico “Me presente voluntario cuando las levas llegaron a mi aldea, señor. No es necesario insultar a alguien solo por ser amable”. El veterano lo miro fijamente y el joven se percató que que su rostro estaba surcado de múltiples cicatrices y que incluso había perdido un trozo de su oreja derecha.

"Mis disculpas si te he ofendido, muchacho, pero es raro encontrar tanta educación en el campo de batalla...voluntario...¿y por qué, si no es mucho preguntar?". "¡Por el Imperio!, señor. !Por el Imperio y el Emperador!". El rostro curtido del sargento se ensombreció. "Espero que no sea cierto, muchacho, o mañana no nos veremos otra vez...Descansa, joven. Lo necesitarás para mañana". Y diciendo esto recogió su manta y se encaminó hacia el campamento, en busca de un hueco donde dormir.

El día siguiente amaneció frío y despejado. El joven apenas había podido dormir pensando en la conversación de la noche anterior. La tropa formo y continuaron la pesada marcha hacia el frente. Extrañados por la ausencia de los sonidos que esperaban escuchar, subieron la última colina que daba paso al valle donde se suponía que actuarían de refuerzo. Sin embargo, al llegar al lugar acordado, no encontraron nada. El frente se había desplazado hacia el siguiente valle. Ese día no habría lucha. Llegada la noche, casi sin percatarse, el muchacho se encontró buscando al viejo soldado. Al encontrarlo, se sentó a su lado y le ofreció parte de su ración. "Sargento. He estado pensando y creo que con usted puedo ser sincero. La auténtica razón por la que estoy  aquí es la paga. Para ayudar a mi familia a salir de la desgracia de estar siempre pendiente de una lluvias que no llegan, o de una plaga que arruine meses de trabajo". El veterano lo miro con sus ojos brillantes enmarcados en cicatrices "Probablemente la razón por la que casi todos empezamos... aunque no por la que sobrevivimos...eso no te ayudara a que nos veamos mañana".

El día siguiente llegaron a la zona de combate. La lucha había llegado a una pequeña aldea y la había arrasado, dejando solo cenizas y cadáveres. El muchacho paso el resto del día enterrando aldeanos o lo que se podía rescatar de ellos e intentando ayudar los heridos. Para su pesar, la mayor parte del tiempo solo conseguía acompañarlos en su sufrimiento antes de que pasaran al Descanso Infinito. Al anochecer, se dio cuenta de que estaba esperando desde hacia tiempo el momento de reunirse con el taciturno sargento. Lo encontró como siempre junto a a hoguera, todavía portando su pala y con mismo aspecto agotado que el muchacho suponía mostraba él mismo. "Después de hoy, luchare por estos aldeanos y por todos los demás. Porque acabe esta guerra y los padres no tengan que enterrar a sus hijos ni estos llorar a sus padres". El veterano le dio una amable palmada en el hombro. "Loable motivo, muchacho. Pero tampoco te salvara mañana". El muchacho estallo de la ira acumulada por las emociones del día."¿Y por que ha de luchar?" gritó "¿Qué me va a salvar la vida?. ¿Por qué lucha usted?..." El sargento sonrío con tristeza. "Lo has de descubrir por ti mismo. O no nos veremos mañana".

El amanecer llego con la llamada a las armas. El muchacho paso lo que sintió como anos luchando. Cuando llego la orden de replegarse, se hizo un torpe vendaje en el amplio tajo que tenia en el brazo y se arrastro hacia la hoguera. Allí lo recibió el sargento, con una sonrisa de honesto alivio. "Sobreviviste, muchacho!.Encontraste la razón!". Que razón?" suspiro el muchacho "No he luchado por ninguna razón. Cuando estaba allí no podía pensar en nada. Ni en el Imperio, ni en la paga. Ni siquiera en mi familia o los aldeanos. Mientras luchaba solo pensaba en no morir. En seguir vivo el siguiente segundo". El sargento sonrió. "Creo que mañana, muchacho, nos volveremos a ver".


martes, 16 de abril de 2013

Warhammer: Tropas de Nova Malakus

Toda historia tiene un inicio... y toda historia de un "WarHammero" suele comenzar en compañía de otro loco que se compra una caja de inicio. En mi caso, la de Orcos e Imperio. Los primeros, como ya comenté, me los quedé yo. Los segundos, se los quedó mi viejo amigo el Duque de López y Gran Señor del Altozano. El Imperio ha sido siempre "su ejercito", aunque no haya jugado casi nada y por eso nunca he querido pintarlo... hasta ahora, que parece que tiene intención de regresar a los campos de batalla y para ayudarlo, me ofrecí a pintarle un ejercito... ¿que cómo pasé de compartir una caja de inicio a tener tropecientas miniaturas?. Bueno, la vida tenía preparadas muchas sorpresas para mí. Pero eso, como ya se ha dicho, es otra historia para ser contada en otra ocasión... aunque todo empezó con dos locos que querían comprarse una caja de miniaturas...

Las tropas de Nova Malakus



El ejercito en todo su esplendor


Tropas Estatales: 20 Espaderos, 20 Lanceros, 20 Alabarderos


20 Milicianos


20 Grandes Espaderos


20 Flagelantes


10 Cazadores y Markus Wulfhart

 

 10 Arcabuceros, 10 ballesteros y un Maestro Ingeniero en Montura Mecánica


 16 Caballeros de dos ordenes de Caballería


5 Batidores y 5 Herreruelos


6 Caballeros de Semigrifo


Un gran cañon, un mortero, un cañón de salvas, un lanzacohetes y un Maestro Ingeniero


Un luminarca de Hysh y un Huracanum Celestial


Volkmar el Sombrio en el Altar de Sigmar


Mago en Grifo Bicéfalo y Tanque a Vapor


Dos Sacerdotes Guerreros y Luthor Huss


Dos Capitanes del Imperio, un Portaestandarte de Batalla y un Cazador de Brujas


Un General del Imperio, Kurt Helborg, Ludwig Shwarzhelm, Marius Leitdorf



Balthasar Gelt y Archimagos de las 8 Escuelas de la Magia


Emperador Karl Frank

En total: 219 Humanos, 37 Caballos, 6 Semigrifos, 2 Grifos, 1 Montura mecánica, 1 Pegaso, 4 Máquinas de Guerra, 3 Carros, 1 Tanque a Vapor.

lunes, 4 de marzo de 2013

Mousling: Taberna

La otra mitad del Regalo... diez Mousling más, todavía más divertidos.


¡Saludos joven Mousling, que buscas un lugar donde divertirte!¡Bienvenido, cansado trabajador que buscas un lugar donde relajarte!¡Toma asiento, venerable abuelo, estamos esperando oir tus historias!. Entrad todos en la Taberna del la Oreja Mordida. Tomad una cerveza y conoced a nuestros parroquianos.


GUS 

Sombrío y gruñón dueño de la Oreja Mordida. Sus toscos modales y ceño perennemente fruncido esconden un corazón de oro para aquellos que se ganan su respeto. Gus siempre estará ahí para echar una mano a aquellos que lo necesitan y cree que se lo merecen. Aunque también estará ahí para echarte a patadas de su Taberna si te has saltado sus normas: No Te Pelees, No Hagas Que Otros Se Peleen, Paga Tu Consumición y No Te Pases con Rosie



ROSIE

Esposa, compañera, amiga y válvula antiexplosiones de Gus. Simpática, amable y confiada, Rosie es el contrapunto del hosco tabernero. Los parroquianos saben poco sobre la historia de la pareja antes de que aparecieran en el pueblo y montasen la Oreja Mordida. Rosie no parece tener ningún reparo en contarla, pero Gus siempre aparece para fruncir el ceño y mandar a Rosie al almacen por nueces, más bebida o cualquier otra cosa de las que ya hay en barra.



NORTON

Maestro en la escuela del poblado, Norton es querido por todos sus alumnos, incluidos aquellos que suspenden. Dotado de una paciencia infinita con los pequeños roedores de su clase, su descanso es una buena partida de dardos y una cerveza con sus amigos de la Oreja Mordida, donde se le puede encontrar casi todas las tardes despues de las clases, intentando enseñarles a los parroquianos algo de Historia, Literatura, Metemáticas o Física del Tiro Parabólico de los Objetos Pirindolares de Extremo Puntiagudo y Cola Emplumada.



EARNEST

El típico bromista, siempre achispado y residente habitual, que existe en todas las tabernas. Según una teoría de Norton, en principio fueron los Earnest y después aparecieron las Tabernas para tenerlos controlados. A cualquier hora del día, puedes ir a la Oreja Mordida que allí estará Earnest, haciendo sonrojarse a Rosie con sus chistes picantes, llevando a punto de estallar a Gus, con su jarra siempre a un tris de caerse y cantando las canciones de los Tres Roedores a voz en grito.





WENDELL

Miembro de la Guardia del Bosque y vencedor eterno en las partidas de dardos de Norton. Wendell ejerce de Guardabosques y de Policía de la aldea, a falta de otra autoridad. Aunque sus parroquianos no le hacen mucho caso y se burlan a menudo de él, en el fondo lo respetan y saben que, en el improbable caso de que la aldea se vea en algún grave problema, Wendell estará ahí para solucionarlo y ayudarles a todos




MARTIN y LEWIS

Inseparables amigos, solo están más unidos a su jarra de cerveza. Se les ve todas las noches en la Taberna cuando salen de su trabajo (el cual nadie sabe exactamente cual es) envueltos en una competición de bebida. Dado que el enfrentamiento suele acabar con ambos contendientes roncando su borrachera debajo de alguna mesa, el resultado siempre queda pendiente para la siguiente noche.



DEEGAN

Excelente acordeonista miembro de los Tres Roedores. Conoce a Mikhail desde hace muchisimo tiempo y lo ha acompañado en todas sus giras, hasta que el ciego cantor decidió comprar una habitación en la Oreja Mordida y dejar su vida nómada. Deegan decidió seguir el ejemplo de su jefe y amigo y actualmente es un amantísimo esposo y padre de de una gran prole de pequeños roedores.



CLARDY

Clardy pasó su juventud como pastor de saltamontes, donde llenó sus horas de soledad en el bosque tocando su flauta. Una noche, estando en la Oreja Mordida, aparecieron Deegan y Mikhail parta dar un concierto. El joven pastor fue incapaz de contenerse y, emocionado con la melodía, sacó su flauta y se unió a los interpretes. Aunque Gus rezongó que estaba molestando a los músicos, Mikhail reconoció el talento del muchacho, ofreciendole un puesto en su grupo, que fue rebautizado como Los Tres Roedores.



MIKHAIL

Lider de los Tres Roedores. Mikhail es ciego de nacimiento, pero su oido es el más fino de todos los Mousling. Poco se sabe de la vida de este grandísimo cantor, excepto de sus triunfales giras por todo el Reino. Mikhail tiene una memoria enciclopédica y es capaz de cantar prácticamente cualquier canción conocida. Es más, gracias a su fino oido, siempre está aumentando su repertorio, pues es capaz hasta de oir y memorizar las nanas inventadas que las madres mousling susurran a sus bebes en el barullo de la Oreja Mordida

miércoles, 23 de enero de 2013

Warhammer: La batalla del Pico Mutilado


La llanura que rodeaba el Pico Mutilado, un promontorio de roca abruptamente cortado cerca de su cima, se mostraba completamente verde. Miles y miles de orcos se apiñaban en la planicie con el único objetivo de destrozar el solitario baluarte de los Señores de L'angomè. Desde hacía días, lo que en un principio era una pequeña partida de guerra que acampó a varias leguas del pie del promontorio, fue creciendo y creciendo hasta que todo lo que alcanzaba la vista estaba cubierto de hogueras, tiendas cochambrosas y precarias estructuras de madera, así como huesos, cuernos, pieles y trozos de metal herrumbroso, que se  movían vestidos por masas de músculos de distintos tonos verdosos. Los defensores del baluarte habían intentado salir a rechazarlos cuando aún eran pocos, pero se encontraron con que una piara de jabalies, cabalgados por sus correspondientes jinetes orcos, se encontraban de camino al Pico y, al ruido de la batalla, aceleraron para llegar a tiempo de destrozar a los fatigados caballeros. Ahora, sus antaño lustrosas armaduras decoraban los lomos de los jabalíes. Eso, si no estaban siendo usados como ollas y sartenes. Sobre los caballeros caídos, los supervivientes preferían no planterarse que había sido de ellos.

Después de la desastrosa expedición, los soldados y caballeros del baluarte habían decidido encerrarse en su fortaleza y rezar a la Dama por la llegada pronta de refuerzos. Para su desesperación, la continua incorporación de más y mas pieles verdes les hizo comprender, finalmente, que, excepto por la llegada del ejercito del mismísimo Rey, no existía en Bretonia ninguna fuerza capaz de defenderles de la turba que se apretujaba ante sus puertas. Las noches pasaban eternas bajo los gritos y gruñidos de orcos, trolls y otras seres monstruosos. Los sitiados, agotadas sus fuerzas, apenas conseguían mantenerse en pie, y sus nervios, tensados como la cuerda de un arco, amenazaban con romperse en cualquier momento.

De repente, una mañana, lejos en el cielo, tres sombras parecieron, acercándose al bastión. Los bretonianos, con una mezcla de temor y esperanza, se esforzaban por distiguir si lo que se acercaba era su destrucción, o la última esperanza. Cuando el vigía gritó "¡Pegasos!¡Son pegasos!", el baluarte estalló el gritos de alegría. Tres pegasos no suponían nada para presentar batalla ante la horda orca, pero el control del aire podría suministrarles comida, refuerzos o, incluso, la posibilidad de evacuar la fortaleza.

Pronto, los orcos también se apercibieron de los enemigos que los sobrevolaban y empezaron a arrojarles cosas. Al ver sus proyectiles ni siquiera se acercaban a los caballos alados, una destartalada estructura empezó a elevarse entre las tropas orcas, para horror de los sitiados. En breve, un lanzapiedroz estaba lanzando su mortifera munición por los aires. Afortunadamente, los caballeros en pegaso habían sido avisados por los gritos desde tierra de sus compañeros, de modo que ascendieron aún más, alejandose del alcance de los proyectiles, que acabaron cayendo sobre las propias tropas pieles verdes para regocijo de sus enemigos.

Los pegasos, así, consiguieron aterrizar en el patio de armas y los viveres fueron rápidamente distribuidos. Sin embargo, además de alimento, los caballeros traían malas noticias. Ninguna ayuda podría venir por tierra, pues el ejercito del Rey se encontraba inmerso en otras batallas. La orden era abandonar la fortaleza. Tres personas fueron elegidas al azar para ser las primeras en retornar con los caballeros en sus pegasos y fueron despedidas por sus compañeros entre muestras de afecto y de cierta envidia. Los pegasos alzaron el vuelo y todos los demas subieron a las almenas para verlos alejarse.
De repente, el grito del vigía los hizo darse cuenta de lo optimistas que habían sido. "¡Sierpe!¡Tienen una maldita serpiente alada!". Efectivamente, una montruosa bestia alada remontaba el vuelo desde del campamento orco y se dirigía directamente hacia los caballeros y sus rescatados. Estos demostraron estar bien entrenados e, inmediatamente, se separaron volando cada uno hacia una dirección distinta. Sin embargo, la bestia que montaba la sierpe, un gigante orco negro, también era veterano de mil batallas y, en un solo gesto, lanzó su hacha contra uno de sus enemigos mientra dirigía su montura contra otro de ellos. Antes de que el primer pegaso, una de sus alas cercenadas por el hacha, se estrellaran contra el suelo junto a sus jinetes, la serpiente alada ya le había partido el cuello al otro caballo alado de un bocado. Solo uno de los pegasos había sobrevivido, aunque la serpiente alada ya se dirigía hacia él. Los sitiados vieron como ambos desaparecían en el horizonte. Querían pensar que el pegaso era más rápido, que llevaba mucha ventaja, pero no podían evitar tener negros pensamientos.

El día siguiente amaneció con un rugido ensordecedor. Los orcos atacaban. Los bretonianos se prepararon para la batalla final. No rezaron a su Dama por la victoria, sino por una muerte rápida y honorable. La marea verde chocó contra los muros del baluarte, insensible a los cientos de bajas que sufrían ante las flechas, piedras y aceites hivientes que les arrojaban los defensores. Los muros y las puertas se mantenían. Pero la esperanza duró poco. Entre los pieles verdes, un gigante se aproximaba a la puerta principal, blandiendo un enorme garrote. De dos simples golpes derribó la doble puerta, dejando desprotegida la fortaleza. Los orcos intentaron aprovechar la brecha, pero el gigante intentó pasar antes, quedándose atascado por los hombros en la arcada de entrada, para desesperación de los pieles verde. De repente, uno de los orcos, harto de estar separado de la acción por un estupido gigante, cercenó las piernas de éste, con tan mala suerte que la mole cayó sobre una peña de orcos que estaban detrás. Otro orco, que se salvó del aplastamiento por milimetros, arrojó su hacha contra el cercenador, el cual la esquivó agachándose, con lo que el arma la recibió la espalda de un orco negro, cuya peña decidió que había sido un asalto a su autoridad y que había que dar un escarmiento pronto, así que se dispusieron a rabanar a todo orco cercano, ya que no tenían muy claro quien había arrojado el hacha.

Los bretonianos contemplaban con asombro como, en breves momentos, el frente orco se deshacía mientras se masacraban entre ellos en una pelea monumental. No obstante, no perdieron tiempo en empezar a reconstruir la puerta, pues, quién sabe cuando los orcos se aburrirían de pelearse entre sí... 

viernes, 26 de octubre de 2012

Warhammer: Azco de vida

El día de Glop comenzaba como cualquier otro día de cualquier otro goblin nocturno. Con la sorpresa de haber sobrevivido una noche más. No es que hubiera mucha diferencia entre el día y la noche en el interior de la vieja fortaleza subterranea donde su clan se refugiaba después de su espectacular conquista. Glop estaba de acuerdo en que los Orejaz Peludaz habían conquistado KhazKarat. Que sus primos orcos fueran los que habían limpiado los tuneles de enanos a Rebanadora limpia no quita que ellos hubieran sido los que se quedaron después. Y eso es conquistar, ¿no?. Quedarse con el sitio. Si te vas gritando borracho en busca de más enanos, pues no conquistas nada. Otra cuestión es que alguien vaya a decirselo a Groj y sus Orcos Negros. Los Orejaz Peludaz son conquistadores, pero no suicidas.

Así que Glop consideraba que la noche era cuando dormía y el día cuando buscaba comida y a alguién más pequeño al que martirizar un poco. El problema era que, gereralmente, los tuneles estaban llenos de tipos más grandes con el mismo plan. El de divertirse y el de comer. Y con gran experiencia en hacer las dos cosas a la vez usando a tipos como él. De manera que se arrastró por los túneles con cuidado, intentando evitar a algunos jefecillos que andaban por ahí intentando reclutar goblins para una expedición al nivel inferior. Glop sabía que en dicho nivel no había mucho que encontrar. La mayoría de los goblins ya habían bajado a ver que se podía rapiñar. Como todos sabían, una expedición significaba que el jefecillo de turno se quedaba todo menos los golpetazos y las heridas, que siempre se repartían equitativamente entre todos los integrantes de la expedición. Como Glop y muchos otros habían aprendido, siempre era mucho mejor explorar en solitario. Se pasaba mucho más desapercibido que en una horda de medio centenar de pielesverdes con la misma habilidad de moverse coordinados que un ciempiés borracho haciendo el pino. Otra cosa es que si te encontrabas con problemas, generalmente llenos de dientes, garras y extremos afilados, podías darte por muerto. Que es ligeramente peor que la casi total seguridad de acabar muerto que hay en cualquier expedición.


Glop decidió sentarse en una roca a comerse el mendrugo de lo que sea que acababa de robar a un grupillo de Snotling. Los pequeñajos eran sin lugar a duda un regalo de Morko (o Porko) para los sufridos Goblins. Alguien a quien vapulear y gorronear como el resto del universo hacía con ellos. Glop se preguntó, el lo más cercano a un pensamiento filosófico que jamás tuvo, si existirían unos Microlings o algo así, todavía más pequeños que los Snolings con los que estos desahogarían sus flustraciones diarias... El momento de iluminación acabó cuando la supuesta roca sobre la que se iba a apoyar demostró tener más dientes de lo esperado. Realmente tener más dientes de lo esperado en una roca no tiene mucho mérito por las bajas espectativas, pero en el caso de un garrapato, solo puede tener menos dientes que otro garrapato tragandose a un congenere. Lo que tampoco es algo inusual.

Con buen criterio, Glop decidió alejarse (sin movimientos bruscos), dejando al garrapato devorar algo que probablemente sí que fuera una roca, dado que no gritó ni se quejó. O quizás al menos pasó a mejor vida con el primer bocado y se ahorró las incomodidades de los varios cientos que le siguieron. Como todos los Goblins, Glop pasó por una infancia ingenua llena de ilusiones sobre un futuro prometedor. Estado que, como en la mayoría de los Goblins que llegan a adultos dura un par de horas. El resto muere antes. Durante esas horas de inconsciencia juvenil, Glop se imaginaba galopando sobre un enorme garrapato, asustando a goblins y orcos por igual y dirigiendo a su clan hacia un lugar de comida y seguridad sin fin. El sueño acabó cuando la cría de garrapato que había capturado se comió la jaula donde se encontraba, toda su comida almacenada, dos o tres Goblins que pasaban por allí y finalmente se escapó comiendose un pedazo de la pared de roca. En aquel momento, Glop se sintió el Goblin más maduro (y vivo) de todo el clan.

Un ligero ruido, percibido por los hiperdesarrollados sentidos necesarios para ser un Goblin adulto, hizo que Glop se escondiera aún más en las sombras. Parecía que alguien estuviera hablando consigo mismo con la boca llena. Lo raro es que, normalmente, era difícil encontar en las cuevas a alguien que pudiera hacer las dos cosas a la vez... Aquellos capaces de llenarse la boca, generalmente no llegaban a tener la capacidad de hablar, ni siquiera con ellos mismos. Y aquellos con el don de la palabra, generalmente no podían abrir la boca sin acabar dentro de otra. Excepto en el caso de los chamanes claro. Glop contempló al encapuchado negro que caminaba distraido por el pasillo, masticando setas y murmurando incoherencias o pensamientos increiblemente profundos. Glop no lo sabía ni le importaba. Solo sabía que, un par de palabras del chamán, y el podía terminar como mancha decorativa en las paredes o transformado en un garrapato. Lo cual quizás fuera una vida mejor, aunque de momento, Glop prefería seguir teniendo brazos.

Porque la verdad es que la vida del goblin nocturno medio es un asco (y breve). Posiblemente las otras razas piensen que hasta se lo pasan bien, siempre en grupos multitudinarios y pegando gritos y drogados hasta las puntas de las orejas. Pero no. Las otras razas no se percatan de que, por regla genera, esas multitudes no estan compuestas siempre por los mismos goblins, que la mayoría grita, básicamente, por que la están apuñalando, golpeando, pisoteando, mutilando o cualquiera de las múltiples versiones que acaban invariablemente en una defunción. Y las setas Zombreroloko... por favor, si el monopolio lo tienen los chamanes. Un goblin cualquiera necesitaría una vida de rapiña para conseguir el suficiente oro como para darle un mordisquito a una seta. Dicen que ahí fuera se está mejor. Que sus primos silvanos son más fuertes y hasta montan arañas que los hacen casi invencibles. Pero Glop ya combatío una vez junto a ellos y podía asegurar que no eran tan distintos a ellos. Ni por fuera ni por dentro. Y, por Gorko y Morko, en los túneles solo te pueden masacrar viniendo por delante o por detrás. ¡Cómo se va a estar mejor fuera, donde también te pueden atrapar desde arriba! 

Glop continuó su deambular por los tuneles y cabernas de la antigua fortaleza de los taponez y nueva guarida de los Orejaz Peludaz, robando algun despojo de comida, golpeando a algún que otro snotling y, la mayoría del tiempo, esquivando a los que podían golpearlo a él. Casi se podría decir que había sido un buen día, pero, como Glop se redordaba a menudo, cualquier momento es bueno para azquearte el día, y ese momento puede ser tanto al levantarte con justo cuando te vayas a dormir. Y, entonces, se acabó el buen día. Y como muestra, ese jefe que se acerca por el pasillo. Ese pasillo iluminado. Sin pasillos laterales. Que lleva directamente a Glop. El cual se da la vuelta e intenta, disimuladamente, volver por donde ha venido, Y que, mira por donde, ahora está lleno de más goblins que se encaminan hacia el jefe, arrastrando al pobre Glop contra el mencionado jefe justo cuando pedía voluntarios (la risitas disipan cualquier duda sobre la participación del azar en ello). Así que, casi sin darse cuenta, Glop ya estaba enrolado en la unidad de Lanzagoblins. Como artillería. Oh sí, en ese puesto se asciende rápido. Lo difícil es mantenerse en la cima. Al menos, veré mundo, pensó Glop. Podré ver todas las tierras bajo mis pies. Y después mis pies será lo único que sobresalga de la tierra... Qué azco de vida...