miércoles, 4 de septiembre de 2013

Warhammer: El Aprendiz

El aprendiz se retorcía las manos a su espalda, intentado esconder el nerviosismo que no le había dejado dormir la última noche. El ingreso indudablemente constituía en momento más importante y la culminación de todos sus años de estudio como aprendiz. Y la elección del Colegio de Magia donde se desarrollaría como mago determinaría sin duda todo su futuro. Aunque entre los aprendices se rumoreaba que no era uno quien elegía al Viento de la Magia, sino que él te elegía a ti. Lo que inevitablemente llevaba a la pavorosa cuestión de qué ocurría si no se era elegido por ninguno.
Los temores del aprendiz fueron apartados a un lado cuando hizo acto de presencia un viejo mago que se teletransportó a su lado en callejón donde había sido citado. "Bienvenido, joven" lo saludó con una amable sonrisa "hora de comenzar nuestra visita". Sin decir nada más, se encaminó directamente al muro que cerraba el callejón. El joven esta a entrenado lo suficiente como para percibir el halo de magia que rodeaba el muro, por lo que no se sorprendió al ver al viejo mago atravesarlo. No obstante, no pudo evitar el estremecimiento que le produjo el dirigirse directamente contra la pared y atravesarla, sabiendo que, por un momento, su cuerpo y el muro eran uno solo.

Insensible a sus cuitas, el viejo mago empezó su discurso, el cual claramente había repetido infinidad de veces. "Aunque parezca que estamos entrando por un jardín algo descuidado, no es necesario que te explique que ya nos encontramos en la primera de las Escuelas de Magia: la Ambar, la dedicada al Saber de las Bestias o Viento de Ghur. Generalmente sus maestros se encuentran muy incómodos en las ciudades, por lo que se les ha construido este bosque mágico donde pueden entrar en contacto con todas las fuerzas salvajes de la Naturaleza. Te recomiendo que, a no ser que recibas la llamada de Ghur, no abandones el camino, pues el bosque es mayor de lo que parece y, además de un lago y varias cuevas, contiene algunos ejemplares de las especies más peligrosas existentes". El aprendiz juraría que el viejo mago añadió entre dientes "...entre ellas los propios magos ambar" , pero no se atrevió a confirmarlo.

El camino continuó hasta salir del bosque, serpenteando entre rocas de diversas formas y tamaños. El joven se percató de repente de que no se trataban de rocas, sino de viejas lápidas erosionadas por el tiempo. El viejo mago sonrió, deduciendo sus pensamientos. "Sí, nos encontramos en los terrenos de la Orden Amatista, de los seguidores de Shyish, o del Saber de la Muerte. Al fondo puedes ver su edificio, si tienes buena vista, pues incluso en el día más soleado, aquí siempre se está en penumbra y casi no se ve lo que tienes delante de ti...aunque sea fácil contemplar otras cosas generalmente invisibles"

"Y aprovechando las sombras, encontrarás a la Orden Gris, seguidora del Viento de Ulgu o de las Sombras." continuó el viejo mago "Aunque solo los verás si ellos quieren ser vistos. Gente reservada, pero grandes personas y leales compañeros cuando los conoces. Aunque nunca estas seguro de si los conoces realmente o solo contemplas aquello que ellos quieren que tú creas".

El camino continuó serpenteando hasta que el joven aprendiz pensó que estaban andando en círculos, pues de nuevo se encontraban en el linde de un bosque. Sin embargo, algo había cambiado. "No, no hemos vuelto al bosque de Ghur" dijo el mago, que seguía leyendo sus pensamientos como si los gritara. "Si te fijas, más que en un bosque estás entrando en un jardín. Donde allí es fuerza salvaje, aquí es vida dirigida y encaminada. Te encuentras en tierras de la Orden de Jade, del Viento de Ghyran y aquí encontraras descanso si tu cuerpo está agotado".

"Y allá al fondo, podrás ver los cuatro grandes edificios de los Colegios de la Luz, Cielo, Fuego y Metal". El aprendiz miró hacia el horizonte, donde se distinguían cuatro grandes construcciones, aunque la más cercanas apenas parecía sólida, pudiéndose observar como los magos caminaban a través de sus pasillos, construidos aparentemente de pura luz. "El Colegio Luminoso, la Orden Blanca de Hysh" comentó el viejo mago a los pies de la gigantesca pirámide de luz "Si tienes vértigo, es que este Viento no te está llamando" agregó entre risillas.

Atravesaron la base de la Escuela, cruzando las paredes como quien atraviesa el resplandor de una vela, para hallarse a los pies de la esrtuctura más alta que jamas hubiera visto el aprendiz. De hecho, no era capaz de ver el final de las torres más altas, ya que se escondían por encima de las nubes. "Se dice que en los observatorios de lo alto del Colegio Celestial siempre es de noche, pues son más altos que el Sol. Lo cual es solo medio falso... aunque es cierto que el Viento de Azyr se lee sobre todo en las estrellas por lo que sus seguidores se las ingenian para que el Sol no les molesten"

El calor se fue incrementando a medida que las torres del Colegio Celestial parecían ir bajando de altura, hasta que se empezaban a apreciar sus cúspides, coronadas por ardientes hogueras. El aprendiz comprendió que se encontraba ante el Colegio del Fuego antes de que el viejo mago se lo mencionara. "La Orden Brillante. El Viento de Aqshy no llama a los que no tienen espíritu ardiente. Aunque a muchos ese mismo fuego acaba consumiéndolos...". El aprendiz captó por vez primera una sombra de pesar en el discurso del mago y también por vez primera se preguntó a que Colegio pertenecía.

"Finalmente, llegamos al Colegio de nuestro Patriarca Supremo actual, el Colegio Dorado del Saber del Metal. El Viento de Chamon sopla fuerte en estos tiempos...". El aprendiz contempló las altas chimeneas de las fundiciones del Colegio. Sin embargo, comparado con el Colegio Brillante casi se diría que hacía frío. Un frío metálico. "¿Y bien joven?,¿que Viento te ha soplado al corazón?". La pregunta lo pilló por sorpresa. ¿Ya debía elegir?. No estaba preparado. No había sentido nada especial en ninguno de los Colegios. O mejor dicho, en todos había sentido la fascinación de la Magia, la curiosidad por sus secretos. ¿Qué contestar?¿Qué elegir?... Y, de repente, supo la respuesta. El anciano mago sonrió una vez más. "Parece que ya tenemos un nuevo mago..."


martes, 18 de junio de 2013

Warhammer: La razón de la lucha


El muchacho siguió al resto de su columna a través de más pueblos devastados, bosques calcinados y montañas rocosas. Al día siguiente llegarían al frente y se enfrentaría a su primera batalla. El gran sol radiante ya empezaba a ser sustituido por sus pequeñas hermanas nocturnas cuando el pelotón detuvo su avance y se preparó para acampar. Esta noche había menos risas y bromas que habitualmente. El temor a lo que les acechaba el siguiente día los atenazaba, aunque no faltaban los que se desahogaban en bravatas ni los que se ahogaban en alcohol. El muchacho se acercó a una de las fogatas. Llevaba en su mano la triste ración de carne seca que le correspondía y que masticaba en largos y pequeños mordiscos para engañar a su estómago. De espaldas al fuego se encontraba un veterano sargento y el muchacho, extrañado, se acercó y le pidió permiso para sentarse a su lado. El sargento le hizo un gesto con la cabeza que al muchacho le pareció lo bastante poco amenazador como para considerarlo afirmativamente.

El joven contempló el cielo, donde cada vez más estrellas brillaban y observó el campamento, donde muchos de sus compañeros se envolvían la en sus mantas intentando buscar un descanso.Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que el sargento lo miraba con curiosidad y un una chispa extraña de algo que podía interpretarse como una sonrisa que iluminaba su mirada.

Al percatarse de ello, el muchacho intento entablar conversación, pero el viejo soldado lo interrumpió: “No me gusta encontrarme deslumbrado por mirar el fuego mientras alguien me ataca por detrás. Viejas manías de soldado viejo”. Intentando ocultar que había sido descubierto, le pregunto: “¿Ha participado usted en muchas batallas, señor?”. El sargento soltó una risa franca “Señor!! Muy tierno te veo para la batalla, muchacho.” Herido en su orgullo, el joven le replico “Me presente voluntario cuando las levas llegaron a mi aldea, señor. No es necesario insultar a alguien solo por ser amable”. El veterano lo miro fijamente y el joven se percató que que su rostro estaba surcado de múltiples cicatrices y que incluso había perdido un trozo de su oreja derecha.

"Mis disculpas si te he ofendido, muchacho, pero es raro encontrar tanta educación en el campo de batalla...voluntario...¿y por qué, si no es mucho preguntar?". "¡Por el Imperio!, señor. !Por el Imperio y el Emperador!". El rostro curtido del sargento se ensombreció. "Espero que no sea cierto, muchacho, o mañana no nos veremos otra vez...Descansa, joven. Lo necesitarás para mañana". Y diciendo esto recogió su manta y se encaminó hacia el campamento, en busca de un hueco donde dormir.

El día siguiente amaneció frío y despejado. El joven apenas había podido dormir pensando en la conversación de la noche anterior. La tropa formo y continuaron la pesada marcha hacia el frente. Extrañados por la ausencia de los sonidos que esperaban escuchar, subieron la última colina que daba paso al valle donde se suponía que actuarían de refuerzo. Sin embargo, al llegar al lugar acordado, no encontraron nada. El frente se había desplazado hacia el siguiente valle. Ese día no habría lucha. Llegada la noche, casi sin percatarse, el muchacho se encontró buscando al viejo soldado. Al encontrarlo, se sentó a su lado y le ofreció parte de su ración. "Sargento. He estado pensando y creo que con usted puedo ser sincero. La auténtica razón por la que estoy  aquí es la paga. Para ayudar a mi familia a salir de la desgracia de estar siempre pendiente de una lluvias que no llegan, o de una plaga que arruine meses de trabajo". El veterano lo miro con sus ojos brillantes enmarcados en cicatrices "Probablemente la razón por la que casi todos empezamos... aunque no por la que sobrevivimos...eso no te ayudara a que nos veamos mañana".

El día siguiente llegaron a la zona de combate. La lucha había llegado a una pequeña aldea y la había arrasado, dejando solo cenizas y cadáveres. El muchacho paso el resto del día enterrando aldeanos o lo que se podía rescatar de ellos e intentando ayudar los heridos. Para su pesar, la mayor parte del tiempo solo conseguía acompañarlos en su sufrimiento antes de que pasaran al Descanso Infinito. Al anochecer, se dio cuenta de que estaba esperando desde hacia tiempo el momento de reunirse con el taciturno sargento. Lo encontró como siempre junto a a hoguera, todavía portando su pala y con mismo aspecto agotado que el muchacho suponía mostraba él mismo. "Después de hoy, luchare por estos aldeanos y por todos los demás. Porque acabe esta guerra y los padres no tengan que enterrar a sus hijos ni estos llorar a sus padres". El veterano le dio una amable palmada en el hombro. "Loable motivo, muchacho. Pero tampoco te salvara mañana". El muchacho estallo de la ira acumulada por las emociones del día."¿Y por que ha de luchar?" gritó "¿Qué me va a salvar la vida?. ¿Por qué lucha usted?..." El sargento sonrío con tristeza. "Lo has de descubrir por ti mismo. O no nos veremos mañana".

El amanecer llego con la llamada a las armas. El muchacho paso lo que sintió como anos luchando. Cuando llego la orden de replegarse, se hizo un torpe vendaje en el amplio tajo que tenia en el brazo y se arrastro hacia la hoguera. Allí lo recibió el sargento, con una sonrisa de honesto alivio. "Sobreviviste, muchacho!.Encontraste la razón!". Que razón?" suspiro el muchacho "No he luchado por ninguna razón. Cuando estaba allí no podía pensar en nada. Ni en el Imperio, ni en la paga. Ni siquiera en mi familia o los aldeanos. Mientras luchaba solo pensaba en no morir. En seguir vivo el siguiente segundo". El sargento sonrió. "Creo que mañana, muchacho, nos volveremos a ver".


martes, 16 de abril de 2013

Warhammer: Tropas de Nova Malakus

Toda historia tiene un inicio... y toda historia de un "WarHammero" suele comenzar en compañía de otro loco que se compra una caja de inicio. En mi caso, la de Orcos e Imperio. Los primeros, como ya comenté, me los quedé yo. Los segundos, se los quedó mi viejo amigo el Duque de López y Gran Señor del Altozano. El Imperio ha sido siempre "su ejercito", aunque no haya jugado casi nada y por eso nunca he querido pintarlo... hasta ahora, que parece que tiene intención de regresar a los campos de batalla y para ayudarlo, me ofrecí a pintarle un ejercito... ¿que cómo pasé de compartir una caja de inicio a tener tropecientas miniaturas?. Bueno, la vida tenía preparadas muchas sorpresas para mí. Pero eso, como ya se ha dicho, es otra historia para ser contada en otra ocasión... aunque todo empezó con dos locos que querían comprarse una caja de miniaturas...

Las tropas de Nova Malakus



El ejercito en todo su esplendor


Tropas Estatales: 20 Espaderos, 20 Lanceros, 20 Alabarderos


20 Milicianos


20 Grandes Espaderos


20 Flagelantes


10 Cazadores y Markus Wulfhart

 

 10 Arcabuceros, 10 ballesteros y un Maestro Ingeniero en Montura Mecánica


 16 Caballeros de dos ordenes de Caballería


5 Batidores y 5 Herreruelos


6 Caballeros de Semigrifo


Un gran cañon, un mortero, un cañón de salvas, un lanzacohetes y un Maestro Ingeniero


Un luminarca de Hysh y un Huracanum Celestial


Volkmar el Sombrio en el Altar de Sigmar


Mago en Grifo Bicéfalo y Tanque a Vapor


Dos Sacerdotes Guerreros y Luthor Huss


Dos Capitanes del Imperio, un Portaestandarte de Batalla y un Cazador de Brujas


Un General del Imperio, Kurt Helborg, Ludwig Shwarzhelm, Marius Leitdorf



Balthasar Gelt y Archimagos de las 8 Escuelas de la Magia


Emperador Karl Frank

En total: 219 Humanos, 37 Caballos, 6 Semigrifos, 2 Grifos, 1 Montura mecánica, 1 Pegaso, 4 Máquinas de Guerra, 3 Carros, 1 Tanque a Vapor.

lunes, 4 de marzo de 2013

Mousling: Taberna

La otra mitad del Regalo... diez Mousling más, todavía más divertidos.


¡Saludos joven Mousling, que buscas un lugar donde divertirte!¡Bienvenido, cansado trabajador que buscas un lugar donde relajarte!¡Toma asiento, venerable abuelo, estamos esperando oir tus historias!. Entrad todos en la Taberna del la Oreja Mordida. Tomad una cerveza y conoced a nuestros parroquianos.


GUS 

Sombrío y gruñón dueño de la Oreja Mordida. Sus toscos modales y ceño perennemente fruncido esconden un corazón de oro para aquellos que se ganan su respeto. Gus siempre estará ahí para echar una mano a aquellos que lo necesitan y cree que se lo merecen. Aunque también estará ahí para echarte a patadas de su Taberna si te has saltado sus normas: No Te Pelees, No Hagas Que Otros Se Peleen, Paga Tu Consumición y No Te Pases con Rosie



ROSIE

Esposa, compañera, amiga y válvula antiexplosiones de Gus. Simpática, amable y confiada, Rosie es el contrapunto del hosco tabernero. Los parroquianos saben poco sobre la historia de la pareja antes de que aparecieran en el pueblo y montasen la Oreja Mordida. Rosie no parece tener ningún reparo en contarla, pero Gus siempre aparece para fruncir el ceño y mandar a Rosie al almacen por nueces, más bebida o cualquier otra cosa de las que ya hay en barra.



NORTON

Maestro en la escuela del poblado, Norton es querido por todos sus alumnos, incluidos aquellos que suspenden. Dotado de una paciencia infinita con los pequeños roedores de su clase, su descanso es una buena partida de dardos y una cerveza con sus amigos de la Oreja Mordida, donde se le puede encontrar casi todas las tardes despues de las clases, intentando enseñarles a los parroquianos algo de Historia, Literatura, Metemáticas o Física del Tiro Parabólico de los Objetos Pirindolares de Extremo Puntiagudo y Cola Emplumada.



EARNEST

El típico bromista, siempre achispado y residente habitual, que existe en todas las tabernas. Según una teoría de Norton, en principio fueron los Earnest y después aparecieron las Tabernas para tenerlos controlados. A cualquier hora del día, puedes ir a la Oreja Mordida que allí estará Earnest, haciendo sonrojarse a Rosie con sus chistes picantes, llevando a punto de estallar a Gus, con su jarra siempre a un tris de caerse y cantando las canciones de los Tres Roedores a voz en grito.





WENDELL

Miembro de la Guardia del Bosque y vencedor eterno en las partidas de dardos de Norton. Wendell ejerce de Guardabosques y de Policía de la aldea, a falta de otra autoridad. Aunque sus parroquianos no le hacen mucho caso y se burlan a menudo de él, en el fondo lo respetan y saben que, en el improbable caso de que la aldea se vea en algún grave problema, Wendell estará ahí para solucionarlo y ayudarles a todos




MARTIN y LEWIS

Inseparables amigos, solo están más unidos a su jarra de cerveza. Se les ve todas las noches en la Taberna cuando salen de su trabajo (el cual nadie sabe exactamente cual es) envueltos en una competición de bebida. Dado que el enfrentamiento suele acabar con ambos contendientes roncando su borrachera debajo de alguna mesa, el resultado siempre queda pendiente para la siguiente noche.



DEEGAN

Excelente acordeonista miembro de los Tres Roedores. Conoce a Mikhail desde hace muchisimo tiempo y lo ha acompañado en todas sus giras, hasta que el ciego cantor decidió comprar una habitación en la Oreja Mordida y dejar su vida nómada. Deegan decidió seguir el ejemplo de su jefe y amigo y actualmente es un amantísimo esposo y padre de de una gran prole de pequeños roedores.



CLARDY

Clardy pasó su juventud como pastor de saltamontes, donde llenó sus horas de soledad en el bosque tocando su flauta. Una noche, estando en la Oreja Mordida, aparecieron Deegan y Mikhail parta dar un concierto. El joven pastor fue incapaz de contenerse y, emocionado con la melodía, sacó su flauta y se unió a los interpretes. Aunque Gus rezongó que estaba molestando a los músicos, Mikhail reconoció el talento del muchacho, ofreciendole un puesto en su grupo, que fue rebautizado como Los Tres Roedores.



MIKHAIL

Lider de los Tres Roedores. Mikhail es ciego de nacimiento, pero su oido es el más fino de todos los Mousling. Poco se sabe de la vida de este grandísimo cantor, excepto de sus triunfales giras por todo el Reino. Mikhail tiene una memoria enciclopédica y es capaz de cantar prácticamente cualquier canción conocida. Es más, gracias a su fino oido, siempre está aumentando su repertorio, pues es capaz hasta de oir y memorizar las nanas inventadas que las madres mousling susurran a sus bebes en el barullo de la Oreja Mordida

miércoles, 23 de enero de 2013

Warhammer: La batalla del Pico Mutilado


La llanura que rodeaba el Pico Mutilado, un promontorio de roca abruptamente cortado cerca de su cima, se mostraba completamente verde. Miles y miles de orcos se apiñaban en la planicie con el único objetivo de destrozar el solitario baluarte de los Señores de L'angomè. Desde hacía días, lo que en un principio era una pequeña partida de guerra que acampó a varias leguas del pie del promontorio, fue creciendo y creciendo hasta que todo lo que alcanzaba la vista estaba cubierto de hogueras, tiendas cochambrosas y precarias estructuras de madera, así como huesos, cuernos, pieles y trozos de metal herrumbroso, que se  movían vestidos por masas de músculos de distintos tonos verdosos. Los defensores del baluarte habían intentado salir a rechazarlos cuando aún eran pocos, pero se encontraron con que una piara de jabalies, cabalgados por sus correspondientes jinetes orcos, se encontraban de camino al Pico y, al ruido de la batalla, aceleraron para llegar a tiempo de destrozar a los fatigados caballeros. Ahora, sus antaño lustrosas armaduras decoraban los lomos de los jabalíes. Eso, si no estaban siendo usados como ollas y sartenes. Sobre los caballeros caídos, los supervivientes preferían no planterarse que había sido de ellos.

Después de la desastrosa expedición, los soldados y caballeros del baluarte habían decidido encerrarse en su fortaleza y rezar a la Dama por la llegada pronta de refuerzos. Para su desesperación, la continua incorporación de más y mas pieles verdes les hizo comprender, finalmente, que, excepto por la llegada del ejercito del mismísimo Rey, no existía en Bretonia ninguna fuerza capaz de defenderles de la turba que se apretujaba ante sus puertas. Las noches pasaban eternas bajo los gritos y gruñidos de orcos, trolls y otras seres monstruosos. Los sitiados, agotadas sus fuerzas, apenas conseguían mantenerse en pie, y sus nervios, tensados como la cuerda de un arco, amenazaban con romperse en cualquier momento.

De repente, una mañana, lejos en el cielo, tres sombras parecieron, acercándose al bastión. Los bretonianos, con una mezcla de temor y esperanza, se esforzaban por distiguir si lo que se acercaba era su destrucción, o la última esperanza. Cuando el vigía gritó "¡Pegasos!¡Son pegasos!", el baluarte estalló el gritos de alegría. Tres pegasos no suponían nada para presentar batalla ante la horda orca, pero el control del aire podría suministrarles comida, refuerzos o, incluso, la posibilidad de evacuar la fortaleza.

Pronto, los orcos también se apercibieron de los enemigos que los sobrevolaban y empezaron a arrojarles cosas. Al ver sus proyectiles ni siquiera se acercaban a los caballos alados, una destartalada estructura empezó a elevarse entre las tropas orcas, para horror de los sitiados. En breve, un lanzapiedroz estaba lanzando su mortifera munición por los aires. Afortunadamente, los caballeros en pegaso habían sido avisados por los gritos desde tierra de sus compañeros, de modo que ascendieron aún más, alejandose del alcance de los proyectiles, que acabaron cayendo sobre las propias tropas pieles verdes para regocijo de sus enemigos.

Los pegasos, así, consiguieron aterrizar en el patio de armas y los viveres fueron rápidamente distribuidos. Sin embargo, además de alimento, los caballeros traían malas noticias. Ninguna ayuda podría venir por tierra, pues el ejercito del Rey se encontraba inmerso en otras batallas. La orden era abandonar la fortaleza. Tres personas fueron elegidas al azar para ser las primeras en retornar con los caballeros en sus pegasos y fueron despedidas por sus compañeros entre muestras de afecto y de cierta envidia. Los pegasos alzaron el vuelo y todos los demas subieron a las almenas para verlos alejarse.
De repente, el grito del vigía los hizo darse cuenta de lo optimistas que habían sido. "¡Sierpe!¡Tienen una maldita serpiente alada!". Efectivamente, una montruosa bestia alada remontaba el vuelo desde del campamento orco y se dirigía directamente hacia los caballeros y sus rescatados. Estos demostraron estar bien entrenados e, inmediatamente, se separaron volando cada uno hacia una dirección distinta. Sin embargo, la bestia que montaba la sierpe, un gigante orco negro, también era veterano de mil batallas y, en un solo gesto, lanzó su hacha contra uno de sus enemigos mientra dirigía su montura contra otro de ellos. Antes de que el primer pegaso, una de sus alas cercenadas por el hacha, se estrellaran contra el suelo junto a sus jinetes, la serpiente alada ya le había partido el cuello al otro caballo alado de un bocado. Solo uno de los pegasos había sobrevivido, aunque la serpiente alada ya se dirigía hacia él. Los sitiados vieron como ambos desaparecían en el horizonte. Querían pensar que el pegaso era más rápido, que llevaba mucha ventaja, pero no podían evitar tener negros pensamientos.

El día siguiente amaneció con un rugido ensordecedor. Los orcos atacaban. Los bretonianos se prepararon para la batalla final. No rezaron a su Dama por la victoria, sino por una muerte rápida y honorable. La marea verde chocó contra los muros del baluarte, insensible a los cientos de bajas que sufrían ante las flechas, piedras y aceites hivientes que les arrojaban los defensores. Los muros y las puertas se mantenían. Pero la esperanza duró poco. Entre los pieles verdes, un gigante se aproximaba a la puerta principal, blandiendo un enorme garrote. De dos simples golpes derribó la doble puerta, dejando desprotegida la fortaleza. Los orcos intentaron aprovechar la brecha, pero el gigante intentó pasar antes, quedándose atascado por los hombros en la arcada de entrada, para desesperación de los pieles verde. De repente, uno de los orcos, harto de estar separado de la acción por un estupido gigante, cercenó las piernas de éste, con tan mala suerte que la mole cayó sobre una peña de orcos que estaban detrás. Otro orco, que se salvó del aplastamiento por milimetros, arrojó su hacha contra el cercenador, el cual la esquivó agachándose, con lo que el arma la recibió la espalda de un orco negro, cuya peña decidió que había sido un asalto a su autoridad y que había que dar un escarmiento pronto, así que se dispusieron a rabanar a todo orco cercano, ya que no tenían muy claro quien había arrojado el hacha.

Los bretonianos contemplaban con asombro como, en breves momentos, el frente orco se deshacía mientras se masacraban entre ellos en una pelea monumental. No obstante, no perdieron tiempo en empezar a reconstruir la puerta, pues, quién sabe cuando los orcos se aburrirían de pelearse entre sí...