martes, 21 de julio de 2015

Warhammer: El Tapiz de deshilacha

Dulath continuaba bajo el viejo roble en la misma posición en la que se sentó hacía ya muchos días. Varios Forestales se habían ido turnando en su vigilancia para salvaguardar al reputado Cantor de Árboles. Los casi invisibles elfos, camuflados bajos sus capas de hojas entrelazadas realizaban su vigilia más como muestra de respeto que por la seguridad de Dulath. En el mismo corazón del bosque, los Forestales sabían que ningún enemigo podría acechar al Cantor y ningún peligro asaltarle. Los motivos de Dulath para tan largo periodo de meditación y aislamiento eran desconocidos para todos los elfos del bosque, aunque sabían que algo grave preocupaba al sabio Cantor. No obstante, también sabían que fuera lo que fuese, si Dulath no podía enfrentarse a ello y solucionarlo, no habría más camino que aceptarlo como el destino, como una parte del Tapiz de una única hebra, sin posibilidad de entrecruzarse con otras y llevar a otro sendero. Inevitable y, por tanto, motivo inútil e innecesario de preocupación.

Dulath no era ajeno a los pensamientos de sus hermanos del bosque, no obstante, precisamente por su mayor conocimiento y comprensión del Tapiz, no compartía la resignada tranquilidad de sus congéneres.  Recorriendo con su pensamiento los hilos de vida y muerte, pasado y futuro que se entrelazaban en el Tapiz, el Cantor no se encontraba con la hebra unificada de destino ineludible que el resto de los elfos de su bosque presuponían le perturbaba. Lo que Dulath observaba eran zonas deshilachadas, hebras cortadas y arrancadas, vidas que se interrumpían abruptamente, eliminados todos sus futuros posibles, futuros retorcidos y enmarañados con pasados, ocurriendo antes de su momento. Haciendo uso de toda su voluntad, el Cantor fue alejándose cada vez más de su propio hilo, intentando ver el conjunto del Tapiz. Era una acción arriesgada, pues no pocos de los suyos, al intentar observar la grandiosidad de la complejidad del Tapiz se habían alejado tanto que habían perdido el contacto con el hilo de su propia existencia, siendo incapaces por tanto de volver a ser en el mundo material.

Cuando Dulath consideró demasiado arriesgado continuar, se detuvo y se concentró en intentar ver el Gran Patrón del Todo. Si en su estado tuviera un corazón material, sin duda habría dejado de latir frente a la apocalíptica visión que se encontraba frente a él. Lo que había considerado una ruptura del Tapiz alrededor de su existencia y la de sus congéneres se extendía a lo largo y ancho del Todo. Apenas algunos núcleos entretejidos mantenían el orden mientras todo se deshilachaba, se retorcía y se descomponía, como si el Tapiz fuese una vieja alfombra enferma por la humedad y la descomposición. El Cantor se centró a esos núcleos y observó cómo parecían luchar por retejer el Tapiz. Con precaución e intentando mantener el hilo de su existencia bien asegurado, Dulath se acercó al núcleo más cercano.

Los hilos se mostraban tensos y resistentes, sus extremos fuertemente anudados al principio y a la tierra. No se sorprendió al descubrir que estaba viendo Milenarios Hombres Árbol. Sus ancestrales aliados jamás permitirían que el desorden y el caos se apropiaran del Tapiz. Sin embargo, Dulath no podía dejar de apreciar que apenas quedaban de estos robustos hilos. Quedaban tan pocos de los antiguos señores de los bosques… Siglos, milenios de batallas habían ido diezmándolos, royendo poco a poco la urdimbre del Tapiz. Aun así, resistían, ayudados por otros fuertes hilos, espíritus del bosque, espíritus de las aguas y de los cielos, espíritus de las rocas. Y un poco más allá, el cantor percibió a sus hermanos de más allá de las costas. Un pequeño parche del tapiz, antiguo, muy antiguo, que no solo parecía luchar por reconstruir el Tapiz, sino que, más que expandir el orden, parecía absorber en su interior aquello que fuese que estaba enfermando el tejido de la existencia. A su alrededor, aquí y allá, el Tapiz no se reentretejía tal y como como se anudaba de nuevo a los hilos de los Espíritus del Bosque, sino que volvía a surgir hermoso y ordenado en su inmensa complejidad, como si nunca hubiera sido de otra forma. El Vórtice, entendió Dulath.

El Cantor intentó aportar su fuerza al Vórtice, ayudar en su infinita tarea, sin embargo, al intentar acercarse, el impacto del puro Caos le golpeó. Su mente se llenó de imagenes en las que las hebras del Tapiz se descomponían en pura podredumbre, deshaciendose. O se anudaban unas con otras intentando sobresalir y apagar a las demás, aunque consiguiendo en el fondo estrangularse ellas mismas. Allá, el Tipiz cambiaba continuamente, firmes nudos se encontraban agarrando el vacio, con hebras que se transformaban en luces iridiscentes. Y proveniendo de los bordes del Tapiz infinito, avanzando desde todas las direcciones posibles, un fuego imparable que consumía todo, dejando tras de si la Nada... Lagrimas inexistentes de impotencia bañaron el rostro espiritual de Dulath. Miró hacia atrás y vio como el hilo que lo unia a la Realidad ardía y se volvía cenizas. Y, apagada la llama de su espíritu, no le importó, mientras se desvanecía en la Nada...

En el bosque, bajo el viejo roble, los forestales lloraban en silencio ante el cascarón vacío del Cantor sabiendo que el Fin también les aguardaba a ellos...

Warhammer: El Sueño de A'Durut

(Post Original 20/7/2010)

La enorme Luna ascendía sobre los árboles, solitaria y resplandeciente de plata, sin rastro de su verde gemela malvada. A'durut intentaba relajarse ante la inminente ceremonia. Pero no lo lograba. Cien ciclos del Sol sobre las Estrellas habían pasado ya y, según las costumbres de la tribu, era hora ya de que su lugar en ella quedara establecido.

--"Cien Veranos son mucho tiempo de espera"...

--¿Qué es un siglo para la vida de un Roble?-- La voz de su padre, entrelazada con sus propios pensamientos, sorprendió a A'Durut. El veterano Forestal le sonreía.-- Todo llega cuando es su momento. Las flores no brotan en otoño.

-- Cierto es, padre, pero estoy nervioso. ¿Qué esperará el bosque de mí? ¿Y si no soy Forestal como vos?

--Seas lo que seas, estaremos orgullosos de ti, hijo. Ser Forestal es ser uno con el Bosque. Pero no es mejor ni peor que sentir la furia de la Tierra en la sangre, como los seguidores de Kournos, o que servir como canal a su Poder, como los Cantores... Todo tiene su lugar y su misión. ¿Acaso crecen plumas cuando el cabello es cortado?. El Bosque sabe lo que necesita, y eso es lo que serás. Pero escucha, los tambores ya llaman.

Se encaminaron hasta el Claro, donde su tribu ya lo esperaba. Junto al gran roble que crecía en el centro, los Cantores de los Árboles usaban su magia para llamar al mayor espíritu del Bosque. Los Bailarines Guerreros, comenzaron su danza al ritmo de los tambores. Sus fibrosos cuerpos llenos de tatuajes, los de ellos y los de ellas. Mortales en cualquier movimiento. Ellos y ellas...

Su madre apareció con su armadura de combate, flanquedad por el estandarte de la tribu y su fiel montura Q'tul, que agitaba su cola nervioso. El momento había llegado.

Los Bailarines aceleraron su danza mientras sus tambores incrementaban su cadencia. De repente, silencio. Los atléticos elfos se inmovilizaron en las más extrañas posiciones. Un gran crujido resonó en el claro y una sueve luz verde se derramó desde el interior del gran roble por la grieta origen del crujido. El hueco se ensanchó y del interior del viejo árbol, un gigante, acompañado de dos furiosos perros, emergió del interior.

-"Duerme"-- fue la única palabla que pronunció el gran Dios Orión, y fue la última ocasión en que A'durut lo vio por muchos siglos...

Pero en ese instante, el joven elfo solo sintió que todo se desvanecía a su alrededor. Todo no. El bosque ardía con más vida que todo lo demás. Era él el que es estaba desvaneciendo el la inmensidad del Todo. Y libre de su atadura mortal, se extendió por la foresta. Y sintió a cada una de las vidas, grandes y pequeñas, que corrían, vivían y morían en un ciclo infinito en un verde tapiz de innumerables joyas. Y entre todos los destellos, pequeñas gemas verdes destelleaban con fuerza... Guardianes del Bosque... la Guardia Eterna. Los Elfos Silvanos... y separados de todos, confundiéndose con el verde oscuro del mismo bosque, el brillo de los Forestales. Pero el alma de A'durut no se detuvo con ellos. Rojas gemas llamaron su atención. Los jinetes, los jinetes salvajes de Kornous en su caza eterna. La ira de la Tierra encarnada. Siendo uno con sus caballos. A'durut se vio a sí mismo, pero no contempló ningún destello en él. Ni verde ni encarnado. ¿Qué quería el Bosque?. Su ser se siguió expandiendo por el tapiz, dejando atrás las gemas, alejándose a la vez que hundía en él. Contemplando la urdidumbre del Mundo. Los espiritus del bosque. Las Driades, los Arbóreos... los venerables Hombres Árbol. Y más antiguos aún, Naturaleza encarnada, los Dragones forestales. A'durut los veía como un pequeño tejido dentro del gran tapiz, con sus propias gemas, su propia urdidumbre. Pero su espíritu no se quedo allí tampoco, y continuó ascendiendo. Y vió con horror que el tapiz vivo se rompía. Y vió gemas oscuras, que no brillaban sino que consumían luz: las razas menores. Y en los bordes del tapiz, nudos. El Caos en esencia pura. El alma de A'durut sufría con cada nudo del tapiz, con cada ruptura. Su espíritu se desgajaba y retorcía en una agonía sin fin... hasta que el Bosque lo volvió a acoger en su seno... y contempló como los nudos se deshacían. Las fracturas se reentrelazaban...y reconoció a los Cantores de Árboles en su eterno trabajo.

Y fue entonces cuando, sintiéndose uno con el Bosque, se encontró arrojado hacia el cielo. Y vió la tierra bajo sus alas. Y sintió el viento en el rostro. Y subió y subió, hasta que el mundo sólo fue una bola azul y verde. Y se sintió feliz...

--"Tú destino ha sido decidido. El Bosque ha hablado".-- A'durut abrió los ojos y sonrió mientras un gran Halcón, más alto que su padre, aterrizaba frente a él, mirándole fijamente con sus dorados ojos...

(Escrito, con menos tiempo del deseado, un día cualquiera... Esta va por ti Gran Señor del Altozano)

martes, 16 de junio de 2015

Warhammer: La Tribu de A'Vimat'A

(20/7/2010): En este repaso a los ejercitos pintados, comenzaré con el último que he acabado. Y curiosamente, uno de los primeros que quería pintar...:

ACTUALIZADO: Como todo lo de esta Octava edición, han sido unos cuantos bichos grandes y algunas unidades nuevas. Curiosamente fue el primer ejercito del blog y puede ser el último ejercito creado para lo que ha sido conocido como Warhammer, antes del Fin de los Tiempos y la conclusión de Octava y lo que sea que venga después. Fue el ejercito que empezó el blog.... pero no va a ser el último, porque aún tengo ejercitos que esperaban Octava pendientes para subir y alguno nuevo a medio pintar. ¡Yademás,  hay Avi's Army más allá de GW! :D
La Tribu de A'Vimat'A

El ejercito completo 

 
36 Arqueros


 5 Forestales

 
26 Guardianes eternos


20 Guardabosques



8 Jinetes del Bosque
 

10 Jinetes Salvajes de Kornus


5 Hermanas de la Espina
 

9 Bailarines Guerreros

 
4 Jinetes de Halcón

16 Driades y Drycha
 

3 Arbóreos, un Hombre Árbol, un Milenario y Durthu

Dragón Forestal y Hermanas del Crepusculo


2 Cantores de Árboles, Portaestandarte, 2 Lores Silvanos

 
Lord a caballo y Lord en Ciervo.

 
Orion, 2 perros de caza y Araloth

En total: 133 Elfos, 17 Driades, 3 Arbóreos, 3 Hombres Árbol, 4 Halcones, 1 Dragón, 2 Perros de Caza, 24 Caballos, 1 Ciervo y 1 Dios de la Naturaleza....

viernes, 15 de mayo de 2015

Bloodbowl: Los Infernales de Zorgath

De Meiko, y con un entrenador de Russian Alternative, nos llega un equipo del Enanos del Caos, con sus barbas, sus colmillos retorcidos y sus pezuñas...
Los Infernales de Zorgath




HOBGOBLINS

Nog, Pog, Log, Bog, Fog, Tog, haciéndoles la pelota a sus amos




DEFENSAS
Ishkibal, Gulkishar, Akurduana, Eagamil, Gandash, Kashtiliash, demostrando quienes son los amos




CENTAUROS

 Iskur y Enlil, rapidos y letales como el trueno y la tormenta



MINOTAURO

Nusku, arrasando al rival




JUGADORES ESTRELLA

GIGAMES, EL PODEROSO

Heroe de mil batallas en el terreno de juego




ASSUR, EL DOMINADOR

Terror de los rivales y adorado por sus fans




BUMBUM MARDUK
Armado y peligroso




ZOG, EL PINCHO
Dando puntiagudos recuerdos por la espalda




CUERPO TÉCNICO

BAAL, EL AMO DE TODO
Aquí mando yooouuu!!!!

miércoles, 15 de abril de 2015

Bloodbowl: Los Esfinges de Thatmun

De nuevo de Willy Miniatures (con un detalle de Reaper). El equipo más "veterano" de la Liga. Dejando un reguero de arena en el campo...

Los Esfinges de Tathmun





ESQUELETOS
Huesos sin nombre para gloria del faraón




THRO-RAS y BLITZ-RAS
Los gemelos Horus y los gemelos Anubis



MOMIAS
Ahmose, Thutmose, Amenhotep y Horemheb.Veteranos del juego



ESTRELLAS DEL EQUIPO
 
SETH, "DAGAS"
Afilada punta de ataque



TATHMUN, EL GRANDE, SEÑOR DE LA PIRAMIDE, AMO DEL RIO, DOMINADOR DEL DESIERTO, ETC,ETC

Reinando en el campo y en el banquillo



EQUIPO TÉCNICO
 
SOKAR, "EL CONSERVADOR"
Consiguiendo que los heridos duren unos siglos más


 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Warhammer: Bajo la mirada de los ancestros



“Honrarás a tus ancestros”. El joven Erik Gundalfson había escuchado una y mil veces el viejo precepto en sus escasos ciento cincuenta años. Los Enanos tienen poca descendencia, por ello, aunque vivan largo tiempo, realmente no tienen muchos ancestros, limitándose muchas veces a la cadena padre-hijo, sin apenas contar con tíos o primos. La familia de Gundalfson era una de éstas hasta el nacimiento de su tío Thron. Gundalf Snorekson, el padre de Erik, era un afamado Rompehierros del Karak, y la fuente principal de las historias sobre los ancestros que Erik debía honrar. El guerrero acorazado, al que su hijo veía pocas veces, y menos aún sin su elaborada armadura, aprovechaba cada momento que su trabajo en las simas más profundas de la ciudad le dejaba para tomarse una buena cerveza con su hijo. Pronto la conversación pasaba de los entrenamientos de Erik en la guardia de la ciudad a las batallas de su padre contra los seres que acechaban en las oscuridades abisales: seres ratas, nefandos gobbos y cosas peores, alimañas mutadas, casi ciegas y con un apetito voraz, alimentado por largos periodos de ayunas en las despobladas profundidades. Y eso sin contar con los derrumbamientos, los ríos de lava que se abrían de improviso bajo los pies del enano descuidado y las malditas vetas de piedra bruja.  Magia pura corrompiendo la piedra, sin las ataduras de las runas debidas.



Gundalf contaba con todo lujo de detalle sus aventuras junto a los Dracohierros, cuyas descargas de fuego servían tanto para despejar los túneles de enemigos, como para preprocesar los metales extraídos de las profundidades en más manejables lingotes, a modo de fundición móvil. Pronto la conversación, como en cualquier buen enano que se precie, se desviaba hacia los metales, las piedras preciosas, sus colores, sus brillos y su valor. No obstante, algunas veces el hermano de Guldalf, Thron, también los acompañaba. Erik no sabría decir si era más raro el tener un tío, o que ese misto tío fuese uno de los extravagantes enanos que preferían el espacio abierto fuera de las montañas. Thron, el tío de Erik, era piloto de un girobombardero. Sus parientes lo miraban con asombro cuando les hablaba de las impresionantes vistas de las montañas vistas desde las alturas, de las velocidades que era capaz de adquirir para desplazarse a donde sus bombas mortales pudieran desequilibrar la batalla. De la potencia que transmitían el seguro motor y el rugido de las aspas al girar. Erik y su padre pocas veces habían salido al exterior, pero aunque fueran tan diferentes, los tres enanos compartían el inmenso respeto que profesaban hacia Sroken, padre de Gundalf y Thron y abuelo de Erik, y Herrero Rúnico de la Ciudad.
 
Sroken Olafson, era quizás uno de los enanos más cascarrabias, quisquillosos y perfeccionistas del Karak, lo que es mucho decir entre los de su raza, pero también un orgulloso padre y abuelo. Aunque siempre crio a su descendencia con disciplina férrea, también era generoso en sus felicitaciones ante un buen trabajo y pronto en alabar y defender a su familia frente a cualquiera que se atreviera a realizar el más mínimo comentario despectivo, o que simplemente así se lo pareciera al viejo Herrero. Últimamente se encontraba enfrascado en la recuperación y reforja de una ancestral runa encontrada en una de las salas reconquistadas recientemente a los gobbos. Su familia llevaba meses sin ver su larga barba, pero estaban seguros de que conseguiría completar su tarea y brindaron por ello.


Y también recordaron al Bisabuelo Olaf Tharenson, el MataManticoras. A nadie se le ocurriría ni siquiera plantear el porqué Olaf realizó el juramento de los Matadores, pero lo cierto es que  la cresta partida del Matador (por un zarpazo de Manticora) era reconocida y reverenciada por todo el Clan y, aunque un Matador jamás consideraría que su deuda había sido zanjada antes de su muerte, el resto de enanos ya lo consideraban un ejemplo de honor, lealtad y de enanicidad mucho antes de que encontrara su muerte gloriosa. En su final, acabó con un Gran Demonio que lo estaba esperando en la cueva de una Mantícora, a la que había manipulado para que atacara caravanas del Clan, y así poder atraer al famoso Matador.



Así se podían pasar la noche, entre cervezas y recuerdos de las hazañas del bisabuelo Olaf, o del tatarabuelo Tharen, Guardia de Martilladores del Rey Raffenson, o del venerable Glofand, que llegó a los cuatrocientos años y se dirigía a los Barbasblancas llamándolos “muchachos”… Tantos y tan dignos ancestros. Tan fáciles de honrar. Lo difícil era estar a su altura y que ellos estuvieran orgullosos de él. Así lo dijo Erik y así le contestó su padre mientras le daba un palmetazo en la espalda que habría derribado más de un árbol. “Pues esfuérzate y sigue su ejemplo”. Y brindaron por sus antepasados una vez más. Por Sroken. Por Olaf. Por Tharen. Por Golfand. Y por muchos más y porque fueran dignos de estar con ellos cuando también pasaran al Mundo de los Ancentros.   


Warhammer: La Triste Epopeya de Reivaj

(Post Original 20/07/2010) 

(Estas historias pertenecen al transfondo que hubo que entregar al final de cada partida en una Campaña que se jugó en la tienda. Disculpad a este yo mucho más joven :P)

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Por mucho que jurasen sus primos de Varak- Dur, el interior
de ese horrible monstruo de metal al que llaman barco no se parecía en nada a una acogedora caverna enana. No , ni las columnas imitando a la dura roca, ni los suelos de pulimentada piedra conseguían hacer olvidar al Señor de los Enanos, Reivaj ur Matak, el insoportable vaivén que las enormes olas producían en el imponente barco a vapor llamado “Martillo del Mar”.

-- “No sé cuanto aguantaré sin sentir el suelo firme bajo mis pies”—pensó taciturno – “Desde que partimos de Barak-Varr este maldito barco no ha dejado de dar bandazos. Y esta endemoniada niebla, que no permite ver más allá del final de tu propio brazo tampoco es de mucha ayuda”.

Habían transcurrido ya bastantes días desde la partida del Puerto de los Enanos. Conseguir el “Martillo del Mar” resultó tarea sencilla. El hecho de ser un importante Señor de los Enanos, de ir acompañado de un pequeño ejercito, y de tener algunas cuentas pendientes con un maestro armador, hizo que las cosas se solucionaran sin ninguna complicación inesperada. Más difícil resultó obtener información sobre esa maldita isla de la que todos parecían saber algo, pero nadie confesaba nada. Finalmente se encontraron con varios nobles del Imperio que intentaban conseguir algunos barcos para un “viaje de placer”. Afortunadamente, la resistencia a la cerveza Bugman de los Humanos jamás se ha podido comparar a la de los Enanos y, al final de la noche, Reivaj ya poseía bastante información sobre la isla de Albión y sus fabulosos tesoros. Tanta que, sin pensar en el riesgo que pudieran correr los desiertos salones de su reino subterráneo, se rodeó de sus mejores Enanos y se embarcó con destino a la Isla Misteriosa.

* * * * * * *

-- Mi Señor, se ha divisado tierra.

Reivaj no dejaba de sorprenderse de cómo Olaff Gobbrokerssen, su Jefe de Montaraces era capaz de mantener el equilibrio con tanta facilidad sobre su pata de palo. Sin embargo, no tenía la menor duda de que la idea de pisar por fin tierra atraía tanto a su fiel montaraz como a él mismo.

- "Bien, viejo amigo,"-- le contesto con una sincera sonrisa—"convoca a algunos guerreros y prepara el desembarco."
-- "Señor, si no tenéis inconveniente, desearía contar con mi unidad de montaraces."
--"¿Hay algo de lo que no me habéis informado?"—el hecho de que su jefe de Montaraces precisara de su unidad para un simple desembarco preocupó ligeramente al Señor de los Enanos.
--"Nada que os deba preocupar, mi Señor"—alegó el montaraz alzando la ceja de su ojo sano—"Algunos pielesverdes que han tomado la orilla..."
--"Demonios"—gruñó Reivaj, visiblemente disgustado—"Si mis obligaciones no me impidieran bajar con vosotros... Tanta inactividad me está volviendo loco. Y ya tengo ganas de afilar mi hacha con algún Grobi."

A los pocos minutos, el eficiente Olaff tenía dispuestas sus tropas y cinco barcazas de desembarco se dirigían resueltamente hacia la orilla, atravesando el turbulento mar que rodeaba la guardada isla de Albión. Desde la cubierta del “Martillo del Mar”, Reivaj suplicaba a los dioses que la niebla se levantara para poder contemplar la batalla. Al perecer Grimni lo escuchó, pues un titubeante Sol se asomó entre las nubes tormentosas y en breve, los guerreros que permanecían a bordo gritaban al contemplar las fuerzas pielverde de la orilla.

-- "Un lanzavirotes, una catapulta y una de esas máquinas que arrojan Grobis. De apoyo apenas una decena de Orcos"— Elrik Kharazssen, Guardaespaldas personal de Reivaj, pasó lista a las tropas enemigas, con un cierto tono despreciativo.
-- "Nuestro fiel Olaff se va a divertir bastante poco, me temo"—replicó el Señor de los Enanos.

Como si se quisieran confirmar sus palabras, un Goblin volador cayó muy lejos de las barcas, para no volver a salir del ondulante mar. A continuación, un enorme estruendo informó de que la catapulta orca se había destruido a sí misma. Las enormes risotadas de los Enanos que acompañaban a Reivaj en la cubierta del barco animaron a sus compañeros, que remaron con mayor ímpetu para alcanzar la orilla. Un par de barcas se estrellaron con las traicioneras rocas que protegían la costa, pero estaban ya cerca de la orilla la cual alcanzaron a nado casi todos sus ocupantes. Junto a ellos, el resto de las barcas tomó tierra y, encabezados por Olaff, furibundos y vociferantes Enanos se abalanzaron sobre la infantería Orca.

--"Bien."—El Señor de los Enanos se giró y se encaminó a su camarote—"Elrik, ordena que acerquen este barco lo más posible a la orilla y que todos que se preparen para desembarcar. Vamos a ver que nos esconde esta maldita isla... "

* * * * * *

Alerik Arokssen fue jefe de dotación de un lanzavirotes, al igual que su padre, que el padre de su padre y que el padre de éste. Por tanto, nadie dudaba que era cosa del destino que los dos hijos de Alerik, Grom y Strom, estuvieran aquella brumosa mañana en lo alto de un pequeño promontorio en las costas de Albión al mando de sus lanzavirotes. La misión que tenían, en compañía de una catapulta y cuatro ballesteros era de esas que pocos guerreros agradecían: servir de retaguardia al grueso del ejercito. Jamás se podía saber que ocurriría en estas situaciones. Tanto podía resultar un autentico aburrimiento si nadie atacaba (y tampoco se podía beber para pasar el rato estando de servicio); como podía ser un simple suicidio, si el enemigo era muy numeroso, pues poco podría hacer tan débil defensa frente a un ejercito organizado.

-- “Si por lo menos se hubiera dispuesto de tiempo para colocar algunas runas”—pensó Grom. No sabía por qué, pero tenía una mala corazonada desde que vio partir al grueso de la tropa.--"¡Podría aparecer alguno de esos Grobi con alas para practicar la puntería."

La broma del ballestero hizo reír a los enanos, sin embargo Grom no conseguía relajarse. Podía tener que enfrentarse a algo más duro que los pieles verdes. Aquellos cuya pericia reconocida en el mar les permitiría desembargar gran número de tropas. Aquellos cuyo odio hacia los enanos era tan profundo como recíproco. Aquellos cuya pericia con el arco podría causarles problemas desde la playa. Aquellos malditos...

--"¡¡Elgis!! ¡¡Barcas Elgis a la vista!!"—El grito del oteador de la catapulta confirmó los peores temores de Grom.

Rápidamente, todas las dotaciones empezaron a preparar sus máquinas para atacar en cuanto las barcas estuvieran a tiro. Grom verificaba la tensión de las cuerdas de su lanzavirote cuando un grito desgarrado a su izquierda le hizo sobresaltarse. Un miembro de la dotación de la catapulta yacía ensangrentado junto a la roca que le había golpeado al soltarse de su soporte.

-- “Esto no ha empezado bien”—se lamentó Grom mientras recordaba con ansiedad las runas de protección que no estaban grabadas en la catapulta.

El nerviosismo cundió entre los Enanos que no consiguieron acertar a las barcas elfas, cada vez más cercanas a la orilla. Un rayo de esperanza brilló brevemente cuando una de las embarcaciones se estrelló contra una de las rocas, pero desapareció tan fugazmente como surgió cuando media decena de barcas tocaron tierra y más de una treintena de elfos tomaron posiciones en la playa. Cualquier atisbo de victoria desapareció de la mente de Grom cuando otro miembro de la dotación de la catapulta salió despedido por el golpe de una cuerda rota. Su último compañero maldecía entre dientes mientras intentaba arreglar la máquina.

-- “No creo que consiga disparar ese maldito trasto”—pensó amargamente Grom mientras se guarecía de la lluvia de flechas elfas.

Ninguna de las saetas impactó contra ningún enano, lo que hizo sonreír a sus compañeros de dotación. Grom no sonrió, sabía mejor que sus jóvenes compañeros que los Elgis no eran estúpidos y si no podían vencerles a distancia los vencerían por el propio peso del número. En ese momento supo que no volvería a ver los salones de piedra de su hogar. Mas para su sorpresa no le importó. Decidió que su batalla sería recordada en las canciones del Clan y que eso era suficiente para morir satisfecho. Así que apuntó su lanzavirotes al elfo más emplumado de las fuerzas atacantes y lo ensartó clavándolo en la arena. A su lado, el solitario miembro de la dotación de la catapulta consiguió arrojar una nueva roca. No golpeó a ningún elfo, pero Grom se sintió orgulloso de pertenecer al mismo Clan que él. Apenas tuvo tiempo de pensar nada más, pues los atacantes ya habían arrasado la pequeña resistencia de los cuatro ballesteros, por lo que ordenó a sus compañeros que se prepararan para defenderse cuerpo a cuerpo. El choque fue brutal, pero los enanos consiguieron rechazar la primera embestida, eliminando a varios de los sorprendidos elfos. Sin embargo, la superioridad numérica pronto empezó a decantar la batalla. Grom observó con el rabillo del ojo, mientras su armadura le salvaba por tercera vez de ser atravesado por una daga, coma varios Elgis derribaban al valiente catapultero y dirigían sus esfuerzos contra su hermano Strom, que defendía con arrojo su lanzavirotes entre los cuerpos caídos de sus compañeros y de los, aún más numerosos, cuerpos de sus enemigos.

-- “Por Grimni, que grandes canciones se harán”—pensó Grom, mientras su mazo golpeaba a su quinta victima. El brazo cada vez le pesaba más, pero pensaba que aún le quedaba fuerza para varios elfos más.

Sin embargo, el grito de agonía de su hermano, entremezclados con las ordenes impartidas entre los nuevos elfos que se sumaban a su combate le hicieron perder momentáneamente la concentración. Conseguía defenderse, pero no conseguía atacar. Bien, era el último. Iba a ser el Enano que luchó solo hasta la última gota de sangre en el fabuloso Cantar de la Isla de Albión. El último. Que luchó solo. Hasta la muerte. De repente un escalofrío de comprensión cruzó su ser. Era el último y cuando muriera no quedaría nadie. Ningún testigo. Nadie que pudiera contar su gesta. Nadie que escribiera una canción sobre ella. Nadie que le recordara... Finalmente soltó una gran risotada:

-- ¡¡Que Grimni cante mi historia al resto de los Dioses!!.—gritó mientras su mazo eliminaba a otro elfo. Después se sumergió en la oscuridad mientras era atravesado por tres dagas elfas.